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Eres el pieza que completa el puzle (I)

  • Ángel Sáez García|
Actualizado el 16/06/2021 a las 10:01
ERES LA PIEZA QUE COMPLETA EL PUZLE Ignoro si tú, hembra o varón, que te dispones a leer atentamente los renglones torcidos que contiene este texto, tienes claro, cristalino, qué debe hacerse con una responsabilidad colectiva, grupal. Servidor, el abajo firmante, considera que toda responsabilidad coral ha de distribuirse lo más equitativamente posible (teniendo en cuenta las habilidades de cada quien, si estas se conocen, claro) entre los individuos que conforman dicho elenco. He hecho el esfuerzo de retrotraerme y he llegado hasta el reparto de los oficios que se hacía al inicio de cada curso escolar en el colegio que los religiosos Camilos regentaban otrora en Navarrete (La Rioja), donde he hallado mi primera toma de conciencia personal, en serio, de dicha realidad, mi asunción de la obligación, compartida por todos los miembros de la casa o comunidad, de hacerme responsable ante el resto de mi pequeña parcela, la limpieza (barrer y quitar el polvo), por ejemplo, de un tramo de la escalera interior, tarea diaria que me hacía merecedor de saborear, a continuación, como recompensa, la primera comida del día, el desayuno. Aunque cada uno de nosotros, en solitario, podamos ser insignificantes, y cada una de nuestras obligaciones, sin compañía, intrascendentes, si los/as juntamos y sumamos, formamos sendos montones (como forman una duna muchos granitos de arena en el desierto). Como se lee, escrito en francés, en el escudo de la bandera de Haití, “L´ union fait la force” (“La unión hace la fuerza”). Nuestro primer (y único allí) profesor de latín, Daniel Puerto, para explicar la tesis precedente, nos hubiera puesto un ejemplo; ergo, hubiera mencionado el apellido (no siempre el primero) de alguno de nosotros, sus alumnos, para que el aludido saliera a la palestra, se acercara a la pizarra, tomara de la repisa un trozo de tiza y escribiera en el encerado, verbigracia, la siguiente locución latina, “Adde parvum parvo, magnus acervus erit”. Y, con su inestimable ayuda, la hubiera traducido, correctamente, así: “Añade un poco a otro poco, y el montón será (o se hará) grande”. ¡Qué importante puede ser un grano (de lo que sea; si, previamente, se ha apartado oportunamente de la paja; o sea, se ha seleccionado lo sustancial y se ha excluido lo accesorio)! Y es que, grano a grano, si una/o persevera, aun siendo los susodichos cosas menudas, una/o puede allegar para todo el año, pues, según la paremia, que ha devenido proverbio, un grano no hace granero, pero ayuda al compañero (a hacerlo), junto con otros muchos, evidentemente. (Continúa.)
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