El hándicap de vivir en el Casco Viejo de Pamplona

Ángela López Arroyo|

Publicado el 18/05/2021 a las 08:18

Llevo diecisiete años viviendo en la Calle Mañueta de Pamplona. Durante todo este tiempo he sido testigo de las mejoras que los distintos ayuntamientos han ido realizando en la zona… Realmente cuando compré este piso me decepcionaba un poco lo abandonado que estaba el entorno, pero no me importaba porque tenía el encanto de un pueblo y al mismo tiempo residía en el corazón de una ciudad emblemática… era bonito. San Fermín de Aldapa dejó de tener una especie de parking pedregoso para convertirse en un jardín mirador; el acceso a un paseo por las murallas y sus vistas panorámicas desde un castillo gracias a Rafael Moneo, el alcantarillado de la calle en la que fluía un pequeño río conducido por un acueducto de una especie de ladrillo rojo que fue sustituido por enormes bloques de “hormigón” a modo de túnel subterráneo; las huertas de la Rotxapea que se convirtieron en una pradera con nueva y fluida edificación tras de sí…

Y aparcar no era mucho problema y dormir… se dormía con el silencio de un pueblo salvo excepciones derivadas del decadeo de ciertas posiciones ideológicas que para mí era el gran hándicap, por no expresarme como me gustaría. He vivido muchas cosas en todo este tiempo, pero añoro de alguna manera ese “sentirte en un pueblo” en las entrañas de una gran ciudad. La vida evoluciona, o no, y lo que era vivir como en un pueblo se fue convirtiendo en una zona de moda donde emergían bares y gente, mucha gente, y empieza el desmadre, no por los bares, que dieron vida a la zona, sino por ciertos bares que se saltan los límites del respeto al sueño nocturno y daba igual avisar a la policía municipal (cuya primera obligación es mantener el orden publico). El resultado, borracheras agresivas, meadas y vómitos en la calle e incluso en portales, botellas de cristal lanzadas contra el suelo… Llegó la pandemia, y de alguna manera todo volvió a ser como antes, pero sin esos bares que no deberían de haber existido y con aquellos en los que nos volcamos porque dan vida, han respetado siempre y lo están pasando muy mal. Y la pandemia también ha traído un ensañamiento de multas al parking de Santo Domingo a residentes. Parking que compartimos con las personas que vienen al mercado o que vienen a estar un ratito en el centro. Hay un problema grave de aparcamiento en esta zona y no es lícito multar a residentes que aparcan por la noche en zonas que no molestan al tráfico, zonas que parecen un descampado por el abandono, en este sentido, que hay al respecto.

Multas a traición a última hora de la noche por agentes y ahora a primera hora de la mañana con una furgoneta (...) que da un paseo por el parking y va tomando matrículas. También hay otra opción: aparcar en la zona habilitada en las antiguas huertas de la Rotxapea, cuya subida alcanza un desnivel considerable. El tema es muy lamentable… para mí, indignante.


Ángela López Arroyo

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