El año que viene en Jerusalén
Publicado el 16/05/2021 a las 09:07
Esta frase, repetida durante siglos por los judíos de la diáspora al final del Iom Kipur, se hizo realidad en 1947 cuando se crea el estado de Israel. Desde entonces y hasta ahora, escribir de un conflicto irreconciliable resulta muy arriesgado, más cuando éste lleva camino de convertirse en el enfrentamiento entre David y Goliath. Tengo que reconocer mis simpatías por el pueblo judío por muchas razones, la primera de ellas por ser el pueblo del judío errante también llamado el Cristo. ¿Por qué la elección de este pueblo insignificante para su nacimiento? Y ¡lo que son las cosas! -nadie es profeta en su tierra- pueblo que además no lo reconocerá como el Mesías esperado. Segunda razón, mi adhesión por los perdedores, en este caso por el exterminio sistemático a través de los siglos y del ancho mundo de un pueblo estigmatizado y demonizado hasta la saciedad. Persecución que justifica de alguna manera la creación de un sistema defensivo muy potente de última generación. Tercera razón, la poderosa fuerza de las generaciones que no olvidaron sus raíces y costumbres y permanecieron fieles a sus tradiciones y a sus sueños de reconquista de su tierra sagrada.
Creo que muy pocos habitantes de este sufrido planeta hubiesen mantenido a lo largo de dos mil años este “humus” interior. Y finalmente, creo sinceramente en la superioridad a muchos niveles del pueblo judío. Baste para esta afirmación conocer su historia y sus logros a través del esfuerzo, la voluntad, el estudio, el sacrificio y el trabajo. Basta con darse una vuelta por Israel y ver los vergeles creados en lo que antes eran desiertos. O basta también comprobar el número de premios Nobel (doce desde 1966) o científicos relevantes de origen judío. O ya, de rabiosa actualidad, la primacía en vacunar a sus ciudadanos. Cantadas todas estas loas a favor del pueblo hebreo, tengo que reconocer igualmente que se están pasando demasiados pueblos en su afán de “reconquista” de la tierra de sus ancestros. Porque si bien Ben Gurión aceptó el reparto de aquellas tierras entre árabes y judíos ¿a qué fin pues esta expoliación de la Cisjordania palestina?.¿A qué fin tanta guerra inacabable, tanto muerto sin sentido y tanta vida destrozada, sin visos de reconciliación? Tres muertos israelíes y treinta palestinos... y tiro porque me toca. Y así ¿hasta cuándo? No aprendemos. La historia se repite y ahora machacamos nosotros. Siempre la solución está en matar al otro... ¡¡¡ Ghandiiiii !!!!.
En mi viaje a tierra santa hace ya algunos años, recuerdo que el chófer del autobús era un árabe y el guía del grupo un judío con acento argentino. Se llevaban estupendamente y viéndolos llegué a la conclusión de que la paz era posible en Israel. Hoy tengo mis dudas. Hoy rezo al judío errante para que su mensaje de “amaos unos a otros” sea una realidad. ¡El año que viene en Jerusalén!
