El valor del agua
Publicado el 11/03/2021 a las 08:18
En documentos internacionales sobre desarrollo sostenible y cambio climático se contempla una cierta crisis en la seguridad del agua y en la disponibilidad de una cantidad y calidad aceptables para la salud, la vida, los ecosistemas y la producción.
Para hacerle frente recomiendan una gestión integrada de este recurso que contemple la economía circular e implique a todos sus agentes, para una buena gestión, y a los ciudadanos con estrategias de comunicación. Es un desafío global que necesita también un día mundial para recordar todo ello. Es el 22 de marzo, este año con el lema “valor del agua” para conocer su valor ambiental y socio-cultural y tratar de proteger y gestionar mejor este recurso vital.
El agua es mucho más que su precio, es un recurso finito e insustituible que aporta valor a nuestros hogares, la cultura, la salud, la educación, la economía y el entorno natural incluida su ayuda en la lucha contra la Covid, que obliga a mayores limpiezas y desinfecciones, en las que el agua es fundamental. Para valorarla, hay que conocer sus vertientes de seguridad e importancia socioeconómica, no solo para nosotros, sino para todos los ecosistemas y comprender su relevancia en nuestra vida. Para su seguridad en la ingesta, existen unos niveles de calidad obligados, de hecho, es uno de los alimentos que más controles pasan y estos niveles están en permanente revisión para adaptarse a nuevos estudios. Como consecuencia, se publicó a finales del año pasado la nueva Directiva de aguas destinadas al consumo humano, marco europeo de referencia, y los Estados disponen ahora de un plazo para adaptarla, España ya ha comenzado. Pero, además de los análisis para verificar su conformidad microbiológica y físico-química, me gustaría llamar la atención sobre otros más ambientales.
Me refiero a sustancias peligrosas prioritarias, que deben reducirse progresivamente, debido al riesgo de su presencia en el agua. La Comisión Europea revisa periódicamente la lista de ellas, lo ha hecho en 2020, y hay varias que están bajo la lupa, por detectarse en las masas de agua. Son alteradores endocrinos, como el bisfenol A, presente en plásticos, que puede tener graves consecuencias para la salud; medicamentos como antibióticos, ansiolíticos y antiinflamatorios que se utilizan a veces en exceso, en la lista están algunos como la amoxicilina y la ciprofloxacina, en línea con el Plan de Acción europeo “Una sola salud” de resistencia a los antimicrobianos, ya que todo está interrelacionado. Se incluyen también los microplásticos, por su uso exponencial y baja degradación medioambiental, dando lugar a fragmentos milimétricos, difíciles de detectar analíticamente. Todo ello conlleva que cada vez sea más caro y complejo controlar y analizar todos los compuestos tóxicos que acaban en el agua, pero lo que deberíamos preguntarnos, para valorar realmente el agua, es por qué llegan a ella todos ellos, contaminantes emergentes, ya que deberíamos prevenir esta contaminación.
Desde la Administración existen Planes, se controlan las aguas y se realizan mediciones de contaminantes. Existen también algunos enfoques estratégicos en Europa, para controlar sus riesgos y luchar contra las resistencias a los antibióticos, pero para dar valor al agua hay que promover una economía circular. Si queremos preservar este recurso hay que evitar que esos productos lleguen a ella y presentar soluciones efectivas para controlarlos, sin comprometer el acceso a tratamientos farmacéuticos eficaces para pacientes humanos y animales. Ello pasa por concederle un gran valor a nivel individual también e implicarnos, para que, en la medida de lo posible, estos productos lleguen al agua de la menor manera posible. Nunca los excesos fueron buenos, tampoco en esto, atengámonos a lo imprescindible en el uso de estas sustancias contaminantes, para evitar que lleguen a nuestras aguas. Por último, a nivel socioeconómico, el valor del agua es inmenso también ya que una sociedad que no dispone de recurso en calidad y cantidad difícilmente prosperara, por lo que es otra razón más para protegerla. Pongámosla en valor.