Mujeres en la iglesia
Publicado el 10/03/2021 a las 07:57
En la tercera sesión del Concilio Vaticano II, el Cardenal Suenens afirmó que “la mitad del pueblo de Dios son mujeres y están ausentes aquí”. Eran los años sesenta del siglo pasado y han transcurrido desde entonces otros sesenta años. ¿Qué se ha hecho en este tiempo para subsanar estas ausencias imperdonables? Muy poco, por no decir nada. El reciente nombramiento de Natalie Beck Cuart, religiosa francesa responsable de pastoral de jóvenes en Francia como Subsecretaria del Sínodo, viene a ser el agua del canario en el intento de abrir las puertas a la igualdad en la iglesia. Mientras tanto en Alemania el movimiento María 2.0 supone la lucha femenina por llevar la iglesia católica al siglo XXI, a la vez que su iglesia oficial desafía al Vaticano sobre este tema. Así, el presidente de los obispos alemanes opina sobre esta cuestión que “los argumentos en contra presentados por el magisterio, a menudo ya no se aceptan ”. Por su parte la iglesia anglicana admite el sacerdocio de la mujer desde 1992 y en Gales, EE.UU. Canadá y Australia, autorizan la ordenación de mujeres como obispos. Sin embargo en nuestra iglesia, en 2016, Francisco asumía la declaración de Juan Pablo II excluyendo para “siempre” el sacerdocio femenino. (Siempre, es mucho tiempo).
Escucho últimamente a cabezas muy brillantes de la iglesia, comentar con sutileza que estamos en un punto de inflexión. Vendría a ser un “renovarse o morir”. La situación lo impone, primero por la edad tanto del clero como de los fieles. Y segundo, y de mayor calado, por las consecuencias de no haber sabido discernir los signos de los tiempos, como ya se dijo hace sesenta años en la Constitución Humanae Salutis del Vaticano II. A pesar de todo ello, es curioso cómo en el momento actual crece la búsqueda de una espiritualidad que llene el interior del ser humano, compuesto por cuerpo, mente y espíritu. Al final va a tener razón Karl Ranner cuando afirmó que el cristianismo del siglo XXI sería místico o no sería. Y, aunque sólo sea como hipótesis, me pregunto si la paridad hombre-mujer en el seno de la iglesia de Jesús de Nazaret, podría ser la solución a muchos de los grandes problemas que ésta padece. Personalmente creo que tras los argumentos socioculturales para la cerrazón actual, que insultan la inteligencia del ciudadano del siglo XXI, se esconde un miedo irracional e injustificado a que el tema -o el poder- se nos vayan de las manos. Por tanto, pienso que no es acertado temer la incorporación -en serio- de la mujer a la institución, sino más bien agradecerla como una gran oportunidad y aportación hoy subestimada.
Bueno.. el Espíritu Santo es muy sabio. y además.. sopla donde quiere. Intento en una humilde reflexión en voz alta; una más del pueblo de Dios que necesita ser escuchado (sensus fidei) unirme a quienes reclaman eliminar la discriminación que supone hoy ser mujer en el seno de nuestra iglesia. Y si a todo ello le sumamos que “ ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús ” (Gálatas 3) ¡ ni te cuento ¡
Carmen Olorón Goñi