Como oro en paño guardo impar museo (II)
Actualizado el 10/03/2021 a las 09:13
(Sigue.) Dos de cada tres mañanas (o una de cada tres tardes), nada más abrir una de mis direcciones de correo electrónico, ya sabes qué ritual sigo, de ordinario. Acudo a la hornacina dilecta y selecta, porque discurre a su vera el manantial predilecto, por el que, en lugar de agua cristalina, transformadora y vivificante, circula mi póquer preferido, las cuatro fotos de marras, donde suelen refrescarse y quitarse las legañas mis ojos. No sé si te he escrito antes (pues es mucho lo que sobre ti he hilado) lo que voy a trenzarte a continuación; que eres, Iris, el oxímoron hecho persona (la mejor mujer del orbe, en este caso). Si la distancia y el silencio que nos separa me causan desconsuelo, lo contrarresta en un santiamén el recuerdo fidedigno de los felices momentos vividos juntos y soñar que te miro a los ojos (desprovistos de sus protectoras y proverbiales gafas, que los ocultan y preservan, sí, pero tanto afean), porque, al alimón, llenan de dicha mi existencia. Cuídate mucho. Te ama (así como el coro o corro de heterónimos que suele andar en derredor mío) y guarda como oro en paño tu/mi tesoro Ángel Sáez García