Como oro en paño guardo impar museo (I)
Actualizado el 10/03/2021 a las 09:12
Amada musa tinerfeña, Iris: Menos mal que me mandaste mi póquer preferido, tus cuatro fotos, un sucedáneo (pésimo sustituto, pero algo es algo) de tu radiante y desbordante personalidad, claro está; porque, dada tu mudez común, habitual, regular, sin él/ellas, me hubiera vuelto loco (ya sé que te consta que de amor por ti lo estoy, cuerdamente orate, sí, pero, sin el mentado, sin las tales, me temo, sin temer nada en concreto, esto es, sospecho, lo estaría en todos los ámbitos o terrenos y, además, de remate). Del ritual que sigo cada día, nada más poner un pie (ignoro si es el diestro o el izquierdo) en la sala de adultos de la biblioteca de Tudela, insiste en tratar el texto presente, el que estoy urdiendo para tu solaz. Confío, deseo y espero que te guste, como ese es el objeto de cuanto te escribo y remito (tenga que ver contigo o no). Si algo no te peta (y hasta te molesta leer), te pido perdón de antemano. Puedes creerme, a pies juntillas, en esto, que me dispongo a confesarte: me esfuerzo al máximo, es decir, me devano los sesos a diario con el único propósito de agradarte. Si meto la pata o te nace la certidumbre de que no lo consigo, es porque no soy perfecto, aunque procuro serlo, para acercarme, cuanto más mejor, al objetivo que persigo, que no es otro que me ames cada día un poco más, como eso ocurre o es lo que pretendo que acaezca a la inversa). Sé que eres mi musa, porque, desde que te conozco, no dejas de inspirarme prosas y versos (endecasílabos y octosílabos, sobre todo). En lo tocante a ese asunto particular, no tengo ninguna duda. Lo que ignoro es quién o qué te puso delante de mis asombrados, desde entonces, ojos (para disfrutar y no dejar de admirarte), por qué se demoró tanto (o te reservó) y te situó en el otoño de mi vida y para qué. Porque, si fue Dios el artífice, lo hizo con un objetivo, con un fin, seguro. ¿Cuál? Si fue el azar, sé que de nada sirve preguntarle a la fuente de lo casual por lo causal. Si no tienes nada más urgente que hacer y te ves capacitada para responder, no te cortes. Me conformo con que lo hagas en mil palabras, y aun en menos, en cien, siempre que las elegidas cumplan tres condiciones, o una sola, esta, que sean clarificadoras, convincentes y satisfactorias. (Continúa.)