Empoderada, pero de verdad

Javier Garralda Arana|

Actualizado el 10/03/2021 a las 09:08

San Petersburgo, 1905, el gran Imperio Ruso se encuentra en decadencia y la humanidad está a punto de conocer una de las mayores tiranías que jamás se haya visto: la dictadura soviética. Paralelamente, en el seno de una familia judía acaba de nacer una de las mujeres más influyentes de toda la historia. Una joven que, a la vista del pronta Guerra civil rusa, huye a Crimea con su familia para terminar sus estudios de una pieza. Tras presenciar la crudeza bolchevique, logra graduarse en lo que posteriormente fue Leningrado y, durante sus estudios en artes cinematográficas, tiene la suerte de conocer el cine de Hollywood. Finalmente, decidida como ella sola, se aventura a cruzar el charco con unos pocos ahorros de su tía, y menos mal, porque lo hizo antes del genocidio ucraniano. Sola en mitad del nuevo continente y sin apenas hablar inglés, se expuso a la ruina, pero ella era una mujer realmente empoderada. En Hollywood buscó cualquier clase de trabajo, por mísero que fuera, y logró salir adelante por ella misma sin necesidad de ningún hombre. Así continuó hasta conocer a un productor de cine que vio en ella a alguien con mucho futuro; fue entonces cuando comenzó a escribir. Al principio eran pequeños guiones, pero luego tanteó la narrativa para terminar con ensayos: La virtud del egoísmo, El manantial, La rebelión de Atlas… No son obras demasiado conocidas y tampoco lo es la mujer de la que hablo, así que, por favor, quien haya oído el nombre de Ayn Rand que levante la mano. La autora de 'Capitalismo, el ideal desconocido' es una de las filósofas menos nombradas cuando se habla de feminismo. Quizá sea más sonada Simone de Beauvoir o Kate Millet, pensadoras post-marxistas que aplicaron la dialéctica a la cuestión del género. Sí, esas mismas filósofas que lo tuvieron todo en bandeja de plata y que, a diferencia de Rand, siempre precisaron la ayuda del Estado. Una mujer verdaderamente empoderada no necesita que nadie le de poder ni que se le guíe hacia él, sino que lo busca, encuentra y ejerce ella misma. El empoderamiento va más allá de dar la nota con teñidos estrambóticos. Si alguna chica cree que con dejar de depilarse e insultar al varón ya es feminista que sepa que está mancillando el nombre de las que lo fueron de verdad. El hecho de que ciertos sectores busquen en la figura femenina un instrumento político es vomitivo y sí, yo también creo que se debe visibilizar más a la mujer, pero no todo acaba con la misandria tras la infidelidad de Sartre.

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