El “feminismo” mal entendido

María Ilundain Arandia|

Publicado el 03/03/2021 a las 08:21

En el presente, desgraciadamente, las mujeres jóvenes tienden a pensar que con sus fortísimos gritos van a defender sus derechos y mejorar sus situaciones de desigualdad, en esta sociedad machista, algo que nadie puede negar. Pero cuando hablo de estas personas, no me refiero precisamente a nombres bastante o bien conocidos porque se encuentran en la política, por ello, en primera línea de acción. A las que aludo, son parcialmente víctimas, porque les están envenenando sus cabezas con ideas preconcebidas e insanas, llenas de odio y resentimiento, totalmente inaceptables. Les están manejando a su antojo como cobayas de laboratorio o títeres sin vida por sí mismos. Aprovechan sus puntos débiles, sus circunstancias ingratas y así, les revuelven el alma y el cuerpo. Me resulta ofensivo cómo esas mujeres políticas, en primera línea de acción y con un orgullo malentendido, se encargan de fijar un lema o grito intenso; sin embargo, el resto de mujeres de cada manifestación, son mujeres anónimas en ese momento, que pasan injustamente a un segundo plano.

La explicación es muy clara: ellas quieren la gloria del momento y por supuesto, sin lugar a dudas, de las consecuencias frente a sus rivales políticos y ante la sociedad, hecho que ya quedó reflejado en la anterior manifestación de este tipo, donde a este grupo no le importo en absoluto, ir contra la salud pública, en plena pandemia. Yo no justifico a las que les siguen, porque está claro que tengas la edad que tengas o las circunstancias que te rodeen, una persona tiene la cabeza para pensar y cuestionarse todo aquello que le rodea. Ahí, sencillamente, está la clave: para cambiar todo, tenemos que reflexionar qué camino es el adecuado, el pertinente, el conveniente; desde luego, muchas veces, no es el más sencillo ni el más directo, pero sí, el más gratificante. No se trata de dar la revancha al género contrario, por toda nuestra historia, en la que la mujer ha callado o su figura, en todos los sentidos, ha estado oculta, renegada. Por el contrario, consiste en dar pasos más pequeños, más certeros pero, firmes, maduros e inteligentes. No consiste en aplicar el 50% de hombres y el 50% de mujeres, sino que se puede dar cualquier posible combinación, siempre que tanto esos hombres como esas mujeres sean válidos, el fin no es tener una presidenta o un presidente, sino que el que / la que sea digno/a de tal puesto. Las mujeres deberemos luchar justamente por todas nuestras metas de igualdad y a veces, solas pero otras, con las valiosas ayudas de los hombres.

En conclusión, menos falsa euforia y más orgullo crítico y real. Esta variante o atajo actual, no nos ayuda sino por lo contrario, nos perjudica a todas las mujeres así como a nuestra sociedad por completo. Por supuesto, vivimos en una sociedad dominada por los hombres y tenemos que alcanzarlos; las mujeres somos muy capaces en todos los campos, aunque no cabe duda que hay mucho por hacer, sin olvidar jamás, que “El fin no justifica los medios”.

María Ilundain Arandia

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