Que tú, Iris, estés bien es prioritario (I)

Ángel Sáez García|

Actualizado el 03/03/2021 a las 08:23

“Recuerdo que una vez, cómo olvidarlo, fui a dar una charla a los muchachos de un instituto de Logroño. Les conté, cómo no, lo del huerto de Emerson, y al llegar a las lechugas, quizá avergonzado de pronto de repetir siempre lo mismo, siempre las malditas lechugas, o quizá porque en ese momento no recordaba la palabra 'lechuga', busqué una variante, y entonces apareció ante mí la palabra que yo no quería, la que me reclamaba y se me imponía fatalmente y que yo sabía que, por más que lo intentase, no podría evitar. Y, en efecto, en vez de decir que todos hemos de aceptar con alegría nuestras lechugas, dije que hemos de aceptar con alegría nuestros nabos, por pequeños y pálidos que sean. Tanto elevarse uno en el discurso, para venir a caer tan de repente de aquellas graves alturas románticas a la realidad más chusca y ridícula, como si lo particular y lo concreto hubieran querido darme una lección o un escarmiento”. Luis Landero, en las páginas 82 y 83 de su más reciente obra publicada, “El huerto de Emerson” (Tusquets, colección andanzas, 2021). Amada musa tinerfeña, Iris: Han pasado más de dos meses sin saber nada de ti y estoy (al menos, así me tienes, supongo —eso es lo que quiero creer— que sin querer) en ascuas. Me conformo con que me digas (si te atreves a llamarme por teléfono; puedes hacerlo desde una cabina, si aún funciona alguna y no quieres que conozca tu número de móvil; puedo prometerte y prometo, como solía aducir en alguno de sus —aunque se los escribiera el periodista lucense Fernando Ónega— discursos el presidente Adolfo Suárez, el mejor de nuestra democracia, que, aun sabiéndolo, solo te llamaría para recitarte el último soneto que te hubiera urdido —si no tienes inconveniente, luego, abajo, te dejo constancia del postrero, por ahora, entre impúdico y zumbón— y darte las gracias por tanto como he recibido de ti, todo lo que voluntaria o involuntariamente me has dado, en el caso de que estuviera con un pie en el estribo, implorándole a la parca que demorara unos minutos el corte inexcusable que había decidido darle al hilo de mi vida, para poder coronar mi último y doble o triple deseo de decirte “¡hasta luego!” y mandarte un beso y un abrazo, eviternos ambos) o escribas que estás bien, aunque estés regular, padeciendo los rigores de la generalizada fatiga pandémica. Me corrijo al instante, nada más trenzarlo, porque preferiría que fueras veraz y no me mintieras, pero es que lo prioritario, lo que con más vigor anhelo, es que estés bien, porque si tú lo estás, eso será razón bastante, más que suficiente, para que yo también lo esté. (Continúa.)

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora