Nuevo incendio en la fábrica de harinas de Ilundáin
Publicado el 27/01/2021 a las 08:20
Leo con preocupación la reciente noticia de un incendio producido en una de las naves abandonadas de la fábrica de Harinas de Ilundáin... Así comenzaba un artículo que publiqué en la prensa local hace algo más de dos años. Mi preocupación se acrecienta ahora al conocer que tras un nuevo incendio el pasado 13 del corriente el consistorio de Pamplona propone el derribo urgente de las instalaciones por los graves daños estructurales producidos.
La fábrica de harinas de Ilundáin, aunque en término de Pamplona, siempre se le ha llamado la harinera de Barañáin ya que se construyó a partir del molino existente en el lugar, llamado molino de Barañáin. En 1899 fue adquirido por José Ilundain con el objeto de transformarlo en fábrica de harinas. Para ello tuvo que levantar un edificio de nueva planta necesario para adoptar el llamado sistema austrohúngaro de molienda, con la sustitución de las piedras de moler por molinos de cilindros metálicos y la instalación de novedosas máquinas de limpia y cernido. Siendo una de las primeras instalaciones de este tipo en Navarra, durante una buena parte del siglo XX la fábrica de harinas funcionó como tal, con años de brillante producción. Finalmente, en el último cuarto de siglo sucumbió a la reorganización del sector y tuvo que cerrar sus puertas. Aunque no queda nada del molino original, está en pie el edificio de principios del siglo pasado, de planta baja más tres que hoy día aún aloja la maquinaria, el motor, los molinos y las máquinas de limpia y cernido, planchisters, triarbejones, etc. El resto de edificaciones anexas tienen menos significación desde el punto de vista patrimonial, aunque varios de estos edificios tienen la peculiaridad, poco corriente, de estar construidos sobre pilotes con el fin de evitar los daños producidos por las frecuentes inundaciones.
En el año 2008 la Mancomunidad de la Comarca incluía su conservación y su utilización como museo en proyecto redactado por el arquitecto Iñaki Urkia, proyecto que por distintas razones no se llevó a efecto. Una vez más, se fue cumpliendo la secuencia de sucesos que termina en la desaparición de edificios, algunos merecedores de conservación. Tras abandono por sus titulares, se dejan abiertos a su suerte, aprovechadas por ocupantes que acaban haciendo fuego para calentarse, incendio fortuito y destrucción de la techumbre. Ejemplos de este maléfico proceso evolutivo hay varios en nuestra ciudad.
La fábrica de harinas de Ilundáin merecía su conservación como muestra de aquella primera industrialización de Navarra. Ya hace dos años solicitaba su protección para evitar la previsible secuencia destructiva referida. Navarra es una de las pocas comunidades del estado que tienen legislación específica sobre Patrimonio Industrial y en ella se contempla la conservación de maquinaria y materiales con más de 100 años de antigüedad como es el caso. Pero la oportunidad, parece ser, pasó de largo. Dos años después de aquel escrito observo que no solo no se tomaron las medidas propuestas, sino que la secuencia de sucesos que terminan en la declaración de ruina y el derribo ha seguido, para mi disgusto, el curso previsto. Y, una vez más, es el patrimonio industrial de nuestra comunidad el gran olvidado y el más denostado. Desconozco los nuevos daños producidos en este último acontecimiento, pero intuyo que nada impedirá el derribo y la desaparición de todo el conjunto y con él una parte de nuestra historia. Si al menos sirviera como ejemplo para el futuro…
Víctor Manuel Egia Astibia, Sociedad de Estudios Iturralde