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El suicidio en el olvido

  • Javier Olivar de Julián
  • doctor en Comunicación
  • profesor del Máster PRL-SIG (UNIR)|
Publicado el 10/01/2021 a las 11:22
En Navarra, 2020 ha sido el año que ha dejado la cifra de muertos por accidentes de tráfico (18) más baja en los últimos 50 años (portada de Diario de Navarra, 30-12-20). El número de muertes por violencia de género en España (43, ninguna de ellas en Navarra), y el de fallecimientos por Covid en Navarra (961) también lo hemos conocido antes de finalizar el año (Diario de Navarra 31-12-20). Pero hay otras cifras que, a pesar de su gran incidencia, suelen quedar ocultas o sin que les preste demasiada atención, como es el caso del número de fallecidos por ahogamientos, caídas accidentales o suicidios. Me referiré especialmente a estos últimos ya que los datos de 2020 indicarán que volverá a ser la primera causa de muerte no natural en Navarra, en España y en el mundo, confirmándose como un problema principal de salud pública. Y subrayo “indicarán que volverá a ser” (en futuro) porque, aunque no dispondremos de estos datos hasta diciembre de 2021, que es cuando el Instituto Nacional de Estadística publica su nota de prensa con los datos de 2020, el suicidio lleva siendo la primera causa externa de muerte en España desde 2008 (INE, 2020).

A la vista del elevado número de muertes por suicidio y del retraso en la aportación de los correspondientes datos, acompañado todo ello de un tratamiento informativo discreto, inexistente y de perfil bajo, cabe preguntarse si el tratamiento que se está dando sobre este asunto por parte de la administración, los medios de comunicación y la sociedad en general es el adecuado. El hecho de que se trate de un tema alejado del debate público puede ser interpretado como una señal de respeto a las familias y a las personas cercanas que son víctimas de esta tragedia, pero por otro lado, no hablar de ello con sinceridad y profundidad puede tener como efecto que no reaccionemos con la suficiente contundencia ante un problema tan grave.

Otras causas que han permanecido durante largo tiempo en el olvido han sabido iniciar su particular camino mediático con un factor de ignición concreto. Al margen de las ideologías que puedan llevar implícitas y tan solo como un ejemplo de comunicación social, comprobamos cómo el movimiento ‘Me too’ surge tras la valentía de varias mujeres para denunciar al magnate del cine Harvey Weinstein y cómo el movimiento ‘Blacks lives matter’ resurge tras el estrangulamiento de George Floyd. Hay muchos otros ejemplos de problemas sociales que saltan al debate público como ‘BringBackOurGirls’, reclamando la liberación de las más de 200 niñas secuestradas por Boko Haram o ‘IceBucketChallenge’ reclamando ayuda para la ELA. Hago mención a estas campañas como ejemplo de que en un momento dado, una reivindicación olvidada, en algunos casos por largo tiempo, salta de manera instantánea a las primeras páginas de todos los periódicos y se convierte en una prioridad informativa internacional. Esta observación lleva a preguntarnos si en un momento dado, un hecho imprevisible pondrá la problemática del suicidio en la palestra nacional o internacional, si en algún momento se encenderá la mecha y comenzará una movilización de toda la sociedad, incluyendo en primer lugar a la comunidad intelectual. El punto de partida pudiera ser un debate público progresivo, serio y profundo y para ello precisamos de datos actualizados y de propuestas de mejora para que todos afrontemos este problema de la mejor manera posible.

Llevo varios años investigando científicamente el tratamiento informativo sobre las principales causas externas de muerte, y en relación con el suicidio los resultados me llevan a concluir que, aparte del importante silencio mediático y social que rodea su circunstancia, la solución pasa por la asunción de una responsabilidad institucional que lidere y gestione una lucha contra este grave problema social. Para ello, hay que ser conscientes de que el suicidio (con todas sus letras y con todo lo que significan) es una realidad, existe, vive entre nosotros y debemos estar listos, prevenir, anticiparnos y hacer frente a esta situación. Comencemos ofreciendo la verdad de los datos con puntualidad, con la debida diligencia y trasladando esta problemática a la opinión pública para que decida por sí misma.
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