El virus del miedo

Gerardo Castillo Ceballos|

Publicado el 09/12/2020 a las 08:08

Mientras todos estamos excesivamente pendientes del Covid-19, hay otro virus del que apenas se habla, que actúa en la sombra. Este segundo virus es peor que el primero y más contagioso. A ello se añade que las personas afectadas no están recibiendo tratamiento alguno. No es físico, sino psicológico. Se trata del virus del miedo. Es un miedo irracional a ser víctima del coronavirus y de que lo sean los familiares. Tener miedo en principio no es malo, ya que sirve para adaptarnos a situaciones de peligro; lo malo es que el miedo te tenga a ti. En esa situación el miedo se hace tóxico, pudiendo derivar en síntomas hipocondríacos como, por ejemplo, la hipervigilancia y la mala y pesimista interpretación de las sensaciones corporales.

Ese segundo virus se alimenta del desmedido afán de conocer cuantos contagios se producen cada día. Esto puede desembocar en una histeria personal y en una paranoia colectiva. Nos perjudica que el tema del coronavirus se esté convirtiendo en un foco mediático permanente. Cabe preguntarse si ese exceso de información se realiza siempre con la intención de sensibilizar y responsabilizar a la gente o si, en algunos casos, es una estrategia política para desviar la atención de los ciudadanos de otras cuestiones.

Hay distintos procedimientos para superar el miedo tóxico, pero el más importante depende de nosotros. Cuando algo nos asuste, aprendamos a reírnos de ello. Si, además, conseguimos reírnos de nosotros mismos, mucho mejor. La risa es uno de los mejores recursos para superarlo. El sentido del humor reduce la hormona del estrés y mejora nuestro estado de ánimo. Lo demuestran muchos niños pequeños que se ríen viendo películas de miedo con sus hermanos y amigos.

Meirav Kampeas sostiene que la mejor vacuna contra el virus del miedo no saldrá de los laboratorios, sino de familias y escuelas que colaboran entre sí para enseñar a prevenir y superar problemas imprevisibles. ¿Estamos enseñado a nuestros hijos a ver los problemas como retos, a tener la valentía de mirarlos a la cara, sin esconder la cabeza debajo del ala, a desarrollar el autocontrol de las emociones, a no tirar la toalla en el primer asalto, a no recurrir habitualmente a que los padres les saquen las castañas del fuego, a actuar, sin quedarse en la queja y el lamento? Son aspectos de la educación de la voluntad, hoy desterrada de muchas familias y escuelas por el permisivismo educativo.

El miedo es común a los seres humanos, y es fácil que nos atrape en una situación tan preocupante como la que vivimos, pero también hay valores que, asimismo, son comunes: empatía, optimismo, alegría, esperanza, solidaridad, fortaleza, autodominio y resiliencia. Si educamos en esos valores, no solo saldremos antes de la crisis, sino que estaremos forjando una sociedad más humana, fuerte y solidaria para los problemas del futuro.

Gerardo Castillo Ceballos

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