Cuando toda la clase política te avergüenza

Nacho Igea|

Publicado el 02/10/2020 a las 08:06

Tras haber hecho partícipe hace unas semanas de mi situación personal en cuanto a no haber cobrado el ERTE, quiero informar de que el pasado 17 de agosto tuve una cita presencial en el SEPE (pedí la cita el día 13 de julio, ya saben la rapidez que caracteriza a nuestra administración pública). Y por fin, tras más de 4 meses de espera, puedo anunciar que ya he cobrado el ERTE que me correspondía.

Me atendió una mujer llamada Alicia, muy maja, y le subrayé varias veces que el mío no era un caso aislado, que ninguno de los trabajadores/compañeros de mi empresa había cobrado la prestación. Le llevé un documento donde aparecía el registro de la solicitud y la totalidad de trabajadores de la empresa pero, adivinen qué: pues sí, todos mis compañeros siguen sin cobrar la ayuda que les corresponde. Y que quede claro que no le echo la culpa a Alicia, se le veía desbordada por la cantidad de trabajo que tiene acumulado. Le echo la culpa al Gobierno de España por malgastar el dinero público en sueldos estratosféricos de asesores sin funciones cuyo único mérito es ser amiguetes o simpatizantes del partido de turno.

Si queremos salir de esta crisis es imprescindible que se adelgace drásticamente las estructuras de los Gobiernos (nacional y autonómicos) y que eliminemos todas las duplicidades que hay en las administraciones. No podemos tener un presidente que tenga 700 asesores (todos amiguetes de Sánchez) porque si de verdad requiere de 700 asesores para cumplir con su cometido es que no es la persona idónea para ostentar ese cargo. No podemos tener un Gobierno nacional con 22 ministerios y 4 vicepresidencias o un Gobierno Foral con 13 consejerías cuando se ha demostrado que éste se puede gestionar con 7 u 8.

Hacer política no es tan difícil si se actúa con responsabilidad, coherencia y sentido común, si se tiene vocación de servicio público y se piensa en el interés general, pero tristemente estamos gobernados por una panda de incompetentes que no piensan más allá de su interés personal. Todos los Gobiernos y administraciones deberían funcionar como empresas y rendir cuentas por los resultados que sus políticas y acciones han causado en las arcas públicas y en la sociedad. Y en base a los resultados obtenidos, cobrar los honorarios correspondientes y asumir las responsabilidades pertinentes, como ocurre en el ámbito privado. No puede ser que estemos gobernados por una banda de ególatras que no tienen la más mínima experiencia en gestionar y que sólo buscan perpetuarse en el poder a cualquier precio.

Ellos mientras tanto siguen enfrentando a unos territorios con otros para obtener réditos políticos. Siguen generando confrontación entre la sociedad resucitando enfrentamientos del pasado ya superados. Siguen culpabilizando a la ciudadanía y a los jóvenes por el aumento de casos en lugar de asumir responsabilidades por su falta de previsión e inacción. Siguen indultando a golpistas o negociando con filoterroristas. Siguen perdiendo su tiempo y malgastando nuestros recursos en temas tan urgentes como “valorar si las señales de tráfico son machistas” o si hay que eliminar la cruz del Valle de los Caídos, como si en la actualidad tuviéramos pocos problemas serios que solventar. Que espabilen de una vez y se centren en lo prioritario, sinvergüenzas, que estamos en una situación de emergencia sanitaria, económica y social y les pagamos para que solucionen nuestros problemas reales, no para que los creen.

Que refuercen las plantillas de los hospitales y los centros de salud para evitar su colapso. Que aumenten el número de profesores para que nuestros menores puedan acudir a clase con la máxima seguridad. Que contraten a más personal administrativo en el SEPE para que puedan tramitarse los miles de ERTES que todavía hay sin resolver. Que den ayudas a los millares de autónomos y PYMES que por su ineficiencia se van a ver obligados a cerrar, con la consecuente pérdida de miles y miles de puestos de trabajo. Que ayuden a las familias que se están viendo abocadas a una situación de pobreza social. Que den ayudas para que las familias puedan conciliar la vida laboral y familiar en esta situación anómala. Que se centren de una vez en lo importante y dejen las rencillas políticas y los intereses partidistas para otro momento. Y que demuestren altura de miras y sentido de estado o que dimitan ey se vayan a casa todos de una vez. Es la hora de la política con mayúsculas, no de los políticos mediocres sin escrúpulos. Hasta las narices del Gobierno de España y de Navarra en particular y, de gran parte de nuestra clase política en general.

Nacho Igea, Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración.

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