De corazón, por todo, ¡muchas gracias! (1)
Publicado el 23/09/2020 a las 15:50
DE CORAZÓN, POR TODO, ¡MUCHAS GRACIAS! “Entre los mejores personajes literarios que hayas ideado en el pasado y los que vayas de pergeñar en el futuro con la inestimable ayuda de tu creativa, desbordante y prodigiosa imaginación, me apuesto doble contra sencillo a que no consigues hallar personas reales, de carne y hueso, que les lleguen a la altura de la suela del zapato (ergo, olvídate de que puedan compararse alguna vez, tras hacer el preceptivo cotejo detallado, exhaustivo) a “los Luises”, tus amigos Luis Quirico Calvo Iriarte y Luis de Pablo Jiménez, a quienes tanto debes por tantos motivos y, como de bien nacidos es ser agradecidos, tanto se lo has hecho saber públicamente y en privado; y a José María”. Había proyectado iniciar la crónica de lo vivido el pasado lunes, festividad de San Mateo, 21 de los corrientes mes y año, de otra guisa, pero, durante la media hora de siesta que hice anteayer, martes, soñé que me topaba en la tudelana Plaza Nueva o de los Fueros con mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, tan hiperbólico como yo o más; y la verdad que contiene el párrafo que precede a este me la adujo pausadamente, casi silabeando, para que la recordara con fidelidad y no la olvidara (al menos, hasta que hubiera sido escrita a bolígrafo por servidor). El lunes pasado volví a comprobar la vigencia de cuanto en su día catalogué como apodíctico, o sea, incondicionalmente cierto, necesariamente válido: 1.- Que quien siente nervios, como si una bandada de mariposas pugnara por hallar la salida de una cárcel, su estómago, horas y aun días antes de volver a encontrarse con sus escogidos amigos, es por esta evidente razón, porque los ama (esa impresión es parecida a la que vive quien se ilusiona sin medida, mientras espera ver de nuevo a su pareja sentimental), les tiene un cariño o estima especial. Lo explica, de manera incomparable, genial y, tal vez, inmejorable o insuperable, Antoine de Saint-Exupéry en “El principito”, cuando pone en boca del zorro esto, que se lo dice al protagonista del relato: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres”. (Continúa.)