No entiendo. O algo Sí.

Susana Prat Barasoain|

Actualizado el 22/09/2020 a las 07:55

No entiendo. O algo sí. Leyendo titulares de diferentes periódicos, de distintas ideologías. Escuchando noticias de diferentes cadenas y sintonías, de multitud de periodistas, personas, con sus propias ideologías, idiosincrasias, personalidades y vidas. Escuchando a políticos de diferentes partidos, ideologías y venidos de diferentes entornos. Venidos a más y a menos. Cada cual se ha retratado, se sigue retratando y sabe cómo. Y qué decir de los expertos, no me gusta este palabro, científicos, traídos a los medios y a nuestras vidas, por políticos y periodistas. Puedo suponer que pensarán lo genial que se sentían en sus laboratorios con sus estudios y se han visto obligados a ponerse en la palestra, a salir de su zona de confort. A más de dos, les habrá gustado la situación, pero habrá a quienes les gustaría que se les tragara la tierra (en el mejor de los sentidos). Y ahí seguimos, aprendiendo de esta pandemia de mierda. Nadie sabe cómo llegó, se culpa a la movilidad desmedida, al crecimiento despiadado de ciudades, a concentraciones desmesuradas, a los bares, a las residencias de ancianos, a recortes, a rebrotes, a vacaciones. Se tiran los trastos, mientras el resto miramos. Miramos desde las ventanas, balcones, desde los jardines…viendo la vida pasar. Vemos una puerta cerrada y una bandeja en el suelo del pasillo cargada de cariño, pero no se puede entrar. Se escucha un estornudo, un ring. Y pego la oreja a la puerta. Ha pasado tiempo desde marzo y ¿qué hemos aprendido? A seguir culpando a otros. Ya no importa, lo que haremos hoy, teletrabajar, ir a clase, al monte, al cine, a pasear… o no poder hacer ninguna de estas cosas. Sólo, esperar, esperar y esperar. Esperar, en la cola, esperar a que limpien la mesa para sentarme, esperar a que alguien encuentre la fórmula, esperar a que mi futuro vuelva a ser un servicio esencial, esperar a que vuelva a haber ruido y parezca que haya algo de normalidad. Por lo menos, hay liga, motos, coches y diales de música. Sin conciertos, ni público. No he vivido ninguna guerra, pero he escuchado muchas historias que cuentan o contaban y creo que esto es lo más parecido. Sin balas, sin cañones, sin trincheras. Pero de fondo, se escuchan las balas, los cañones y estamos construyendo nuestras propias trincheras. No te olvides la mascarilla, no os juntéis indebidamente, mira si entras que no haya mucha gente, no te metas en aglomeraciones. La multa se descuenta de la paga. Y si algo “de eso malo pasa”, que ya ha pasado y seguirá pasando, sin culpables, ni remordimientos, ni excusas tipo, ni reproches. Que sea lo más leve posible. Catorce días a puerta cerrada y comida en bandeja. Vamos de lujo de hotel de 5* y con vistas desde la ventana. Ahora empiezo a entenderlo. Algo ya hemos aprendido, sin excusas tipo, sin reproches. Ni acabó ni se sabe cuándo acabará.

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