Esas otras secuelas
Publicado el 15/09/2020 a las 18:17
El confinamiento de las residencias revela una realidad aterradora: una o dos visitas por semana, encuentros de quince minutos a través de mamparas de metacrilato, ausencia de caricias, limitación de los paseos. Todo ello sine die. Un cultivo de cientos, miles, de soledades. Hombres y mujeres aislados, protegidos del virus, pero a merced del vacío, la angustia y la falta de contacto. Cientos, miles, de soledades. Compartidas, sí, y también dolorosas. Hijos, nietos y sobrinos vistos, incluso presentados por primera vez, a través de una pantalla (en el mejor de los casos). En el peor: la espera, interminable. Al término de la pandemia estos hombres y mujeres volverán al ruedo sin secuelas respiratorias. Qué hay de las otras secuelas, las que van por dentro y gritan: no me olviden, recuérdenme. Cientos, miles, de soledades.