Los premios Príncipe de Viana
Publicado el 10/09/2020 a las 09:00
Leo con pena que el Gobierno de Navarra presidido por doña María Chivite ha decidido no invitar a los Reyes a la entrega del Premio Príncipe de Viana de la Cultura 2020 a Carlos Cánovas, continuando así con la política iniciada por el Gobierno anterior presidido por doña Uxue Barkos.
A la pena se suma el asombro -llamémoslo así- al conocer la explicación que el vicepresidente del Gobierno de Navarra, señor Remírez, ha dado al Diario de Navarra. Cito textualmente: “el Príncipe de Viana tiene que centrarse sobre todo en el reconocimiento en este caso de la persona, del premiado, poner el foco en él”. Yo siempre había creído que cuanto más relevante es la figura que preside una entrega de premios, mayor reconocimiento supone para el premiado.
Siguiendo el modelo de pensamiento del Gobierno de Navarra, lo ideal sería que un ujier deposite el diploma y la escultura en el estrado; el premiado subiría a recogerlos y haría su propia semblanza y el elogio de su obra, sin intervención de ninguna otra persona más. De esta manera se conseguiría un foco total y absoluto en la persona del galardonado. A lo mejor en la nueva normalidad esta fórmula cunde y empezamos a ver ceremonias del Nobel sin los reyes de Suecia, o galas de los Oscar en que las estatuillas no las entreguen los personajes más destacados y respetados de la industria sino perfectos desconocidos, para que así nadie robe protagonismo a los premiados.
Bromas aparte, me parece un grave error que se deje pasar esta ocasión para engrandecer la ceremonia y a los propios premios Príncipe de Viana con la asistencia de los Reyes o de la princesa de Viana. Me resulta difícil pensar que la presencia de los Reyes pueda oscurecer la magnífica trayectoria de Cánovas. Al contrario, estoy convencido de que aumentaría enormemente la repercusión del premio y ayudaría a divulgar sus maravillosas fotografías, especialmente más allá de Navarra, entre quienes no han tenido la suerte de disfrutarlas. Lo que desgraciadamente quita el foco del premiado son polémicas como las que originan una decisión como esta. Quizá haga falta recordar que el artículo 57.2 de la Constitución Española (aprobada con el voto afirmativo del 76% de los votantes navarros) establece que la actual princesa de Viana es doña Leonor de Borbón, hija primogénita de los Reyes de España, princesa de Asturias y de Girona. La no invitación a la actual princesa de Viana o a sus padres los Reyes a la ceremonia de unos premios que llevan su nombre es, cuando menos y siendo bien pensado, una gran descortesía. Imaginemos lo absurdo que resultaría que alguna institución entregara los premios “Presidente del Gobierno de Navarra” decidiendo no invitar a la ceremonia a la titular de dicha Presidencia. El hecho de no cambiar el nombre de los premios a “Princesa de Viana” (como sí se ha hecho en el caso de los premios “Princesa de Asturias” y “Princesa de Girona”) parece indicar que se quiere hacer referencia a algún personaje abstracto de un pasado remoto, en vez de a una institución viva, encarnada en una persona que es símbolo de la unidad y permanencia de España y una pieza fundamental en el sistema constitucional que garantiza nuestros derechos y libertades. Muchos sostienen que es un paso más en una estrategia para ir borrando a los Reyes de la vida pública, con el objetivo último de acabar convirtiendo España en una república de estilo bolivariano.
Quiero estar en el grupo de los bien pensados y creer al vicepresidente Remírez cuando dice que el Gobierno de Navarra tienen una “relación de lealtad institucional” con la Corona. Me resisto a pensar que el PSN quiera entrar en el juego de una estrategia de arrinconamiento de la Monarquía, ni siquiera para satisfacer a sus socios de Gobierno. Sin embargo, hechos como este hacen más creíble y dan argumentos a quienes se abonan a la teoría de la conspiración republicana.
José María Sanz-Magallón, marqués de San Adrián.