Dos orejas y una boca
Actualizado el 08/09/2020 a las 17:37
El Covid-19 ha puesto a prueba la capacidad de escucha y comprensión social. No me cabe duda. Porque la vacuna, el tratamiento, antes o después llegará. Pero la empatía, la capacidad de identificarse con alguien y de identificar sus sentimientos, su duelo, su dolor… eso sí que no se puede comprar. En marzo, mis hijos tenían 3 y 9 años cuando su padre se encerró en una habitación después de dar positivo en un PCR. Y ahí permaneció tres semanas. A través de videollamadas seguíamos su evolución: su cara más enrojecida delataba la fiebre; su hablar pausado, el cansancio… Y la tos no requería de ninguna tecnología para que la pudiésemos escuchar día y noche. Luego se recuperó y pudimos volver a la normalidad… a nuestro ritmo. ¿Qué quiere decir esto? Que, en ocasiones, después de un acontecimiento traumático sobreviene un bajón emocional que hay que superar. Porque sí, cuesta olvidar: que tienes a un ser querido enfermo en casa, o en una residencia, o en un hospital, y no le puedes tocar, abrazar, besar… Mientras esperas que esa puerta cerrada se abra, y que la abra quien tú quieres. Hay que entender que todo proceso lleva un tiempo. Y a veces cuesta escuchar a quien no lo ha pasado que no hay que tener miedo. No es tan fácil. Ahora que los niños han vuelto a los colegios, ahora que los adultos hemos vuelto a los trabajos, ahora que hay más interacción social, hay que esforzarse por entenderse más. Hoy cobra más sentido esa pregunta que se hacían ciertos filósofos griegos: ¿por qué tenemos dos orejas y una boca? “Para que podamos observar y escuchar el doble de lo que hablamos”, decía Epícteto. Interesante respuesta.