Josefina Fresán: Beire y Conservas Quijera
Actualizado el 10/08/2020 a las 08:17
El 8 de agosto ha fallecido Josefina Fresán Anaut. De Beire. No se trata de contar su vida. Ella nos podría haber hablado de su primera “Virginia”, y de los tres hijos que le sobreviven; también, de la historia de Conservas Quijera… En este pueblo, su marido Roberto, de Mendavia, junto con su hermano Félix, que conocíamos cariñosamente como “El Chato”, a la vez que la herrería que tenían en la salida de Beire a Pitillas, pasaron a gestionar, al lado, una industria conservera que supuso para el pueblo y vecindad un gran aliciente agrícola y económico: espárragos, tomate, pimiento… “La fábrica”, así se le llamaba. Eran muchas las jóvenes que venían a trabajar de los pueblos de alrededor: Olite, San Martín de Unx... Temporada del espárrago. Temporada del tomate. Fijas discontinuas. Han sido muchos años de ejemplo de industria agroalimentaria, aunque tristemente lleve ya unos años sin actividad. Personas como Josefina, que se ocupaban de la casa (con la ayuda inestimable de Matilde; con su padre, Nemesio, y su suegra, Rufina), a la vez que llevaba “con mano de hierro” al personal a su cargo, y hasta de la oficina, en tanto sus hijos no fueron mayores. Que les pregunten a las trabajadoras si sabían buenos los sobrecicos con que llegaban a su casa, en pago semanal, o en el que tuvieran a bien hacer. También trabajadores como Pedro, Jesús, Antonio… Estamos hablando de hace muchos años, en que hasta personas que tienen ahora más de noventa años, trabajaban en horario interminable, con esas calores. Pero valía la pena. Seguro que ese “dinerico” les venía de perillas para las exiguas economías domésticas, donde el campo daba para lo que daba, y eso para el que tenía tierra, ¡que el que no...! Algunos sacarían la costa y treinta días al mes. Josefina me sugiere encarna a estas personas emprendedoras, que se unen y son motores del “equipo familiar” para llevar adelante un negocio o industria, que empiezan de la nada, y que es el trabajo y la dedicación, junto a todo el esfuerzo posible, incluso perdiendo horas de sueño, lo que fructifica y “llega a buen campo”, dicho en términos agrícolas. Es en definitiva ejemplo para generaciones que le siguen. Y hoy que hablamos tanto de la mujer, pero que no nos lo acabamos de creer, son estas mujeres las que, sin meter ruido, sin ostentaciones, en un ámbito reducido, pero con una gran dedicación a su trabajo y a su familia, las que ponen en primer orden de la vida lo que merece la pena, los objetivos por los que luchar. Que se entienda o no, que se consiga el éxito o no, es otra cuestión. El esfuerzo es innegable. No siempre se consigue lo que uno quiere. Pero sí se acaba queriendo aquello que, con esfuerzo, has conseguido. Creo que siempre tiene recompensa. Gracias a todas las “josefinas” del mundo. Como dice la canción, “si te llamas Josefina, yo quisiera ser José” (podría decir Roberto). Con la sonrisa que le caracterizaba, en esta época de pandemia, nos quedamos con su mejor recuerdo. D.E.P.