El Palacio de Oriz y su olvido

MIKEL NAVARRO AYENSA|

Actualizado el 26/08/2020 a las 07:42

El palacio de Oriz se encuentra en un enclave discreto y sosegado, escondido de este pandémico siglo XXI. Es un caserón apacible que susurra historia entre sus paredes ancladas en tiempos pretéritos, un refugio para la memoria, para el retiro del alma… una isla orgullosa y casi olvidada dentro del propio Valle de Elorz. Me recibe la familia Eslava Zozaya, propietaria del palacio. Hoy en día es un hogar habitado, propiedad privada que guarda con orgullo el legado de su esplendor que no solo sobrevive, sino que sigue vigente reclamando la atención que bien merece. Mi anfitrión, David Pérez de Ciriza Eslava, me conduce por pasillos y cámaras mostrándome el valor de la historia que refleja sus estancias, decoradas con la esencia del pasado de hidalgos y señores. En cada habitación una ventana se asoma a un pasaje de tierras de labranza, fruto del esfuerzo de trabajadores y arrendatarios. El más noble de los sudores regó la mies de rubios campos y empapó la frente de quién los trabajó. Varios de estos descendientes me observan desde sus vetustos retratos con la mirada en blanco y negro que el rescate del tiempo y el olvido va a colorear. Llegamos a un rincón especial, la puerta se cierra a nuestro paso por un fuerte vendaval que irrumpe de forma contundente, 'Aquí durmió Felipe II en 1592', me indica David mientras contemplo en silencio la escena. Frente a la cama todavía se aprecian restos de pinturas al fresco que en 1942 fueron trasladadas al museo de Navarra, el mural de 'La batalla de Mühlberg' es una verdadera joya artística y cultural perteneciente a la familia Cruzat, anfitriona del monarca. Se dice que, durante su estancia, Felipe II observaba en silencio las pinturas de los combates dirigidos por su padre el rey Carlos I de España y V de Alemania. Aquella batalla vencida a los protestantes en 1547 era un recuerdo ya lejano de tiempos mejores que el rey prudente añoraba con ojos húmedos y silentes. El cronista holandés Henrique Cook, un católico exiliado en España, dejó por escrito algunos interesantes pasajes de la estancia del rey en Oriz, e incluso de su propia estancia en Noáin. David P. de Ciriza me traslada su preocupación sobre el histórico palacete y el futuro de éste. Cercado por la Ciudad del Transporte y próximamente por un vertedero que la Mancomunidad de Pamplona ha impuesto en las inmediaciones de forma arbitraria. Ante este panorama me pregunto ¿dónde está la institución Príncipe de Viana para defender este palacio por el que pasaron diferentes reyes de Navarra? Hay que recordar que fue un palacio cabo de armería con carácter militar, cárcel y residencia habitual de los reyes de Navarra durante siglos. Debemos proteger uno de nuestros estandartes y símbolos históricos del propio Valle de Elorz, no enterremos la historia con la basura de un siglo XXI que pretende contaminar nuestro patrimonio para hacerlo desaparecer relegándolo al olvido.

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