Al filo de la media tarde
Publicado el 06/08/2020 a las 08:11
El lunes, al filo de la media tarde, los distintos medios de comunicación hacían pública la carta del rey emérito Juan Carlos I, dirigida a su hijo Don Felipe VI, exponiéndole su decisión de salir de España como un acto del mejor servicio a los españoles y “a ti como Rey”.
Las circunstancias sumamente dolorosas que han rodeado ese goteo de informaciones sobre las presuntas actividades de Don Juan Carlos y la consiguiente toma de decisión, a mi juicio, no pueden ocultar el resplandor de luz procedente de la altísima consideración que sobre el deber, entendido como servicio a España y a la Corona profesa nuestro Rey, Felipe VI. A nadie se le puede escapar el desgarro familiar que tal decisión comporta, pero siendo muy consciente de la grandeza de la Institución que él encarna no sólo ha sabido hacer lo que se espera de él en el ejercicio de sus funciones: no dar cabida a conductas reprobables desde el punto de vista ético o moral, sino que nuestro Rey ha optado por elevarse por encima de afectos e intereses personales para que en la cúspide siga ondeando la grandeza y la dignidad de las conductas que son respetuosas con el deber moral.
Puede que en la actual circunstancia, una vez finalizado el viaje de don Felipe y de doña Leticia por las diversas zonas de España y hacerse pública la decisión de don Juan Carlos de abandonar el país, no exista más que una simple coincidencia con aquel consejo recibido el año 1962 por el entonces príncipe Juan Carlos: “haced que los españoles os conozcan, Alteza”. Hoy, al asumir esa decisión de dejar su país recuerdo ese verso del poeta que dice: he andado muchos caminos, he abierto muchas veredas, he navegado en cien mares y atracado en cien riberas... Por mi parte con tristeza por su marcha, pero también con esperanza pido y deseo que su destino sea un rincón de Paz.
Amelia Guisande