Noche de Verano. Carta a María Chivite.

Domingo Iriarte Zabalza|

Actualizado el 25/07/2020 a las 09:17

Estimada Sra. Chivite:  Soy un ciudadano navarro de 86 años de edad. Me dirijo a usted desde la habitación 220 del pabellón D del Complejo Hospitalario de Navarra, a día 23 de julio de 2020. Me gustaría contarle aquello que aconteció la pasada noche del 19 al 20 de este mismo mes.  Me llamo Domingo Iriarte Zabalza, y he dedicado mi vida al servicio de la Comunidad Foral de Navarra.  Desde los 17 hasta los 63 años de edad trabajé en el Patronato Benéfico de la Construcción. Levantamos viviendas desde la Ribera hasta el Baztan para aquellos que lo necesitaban. De esta manera, puedo afirmar con certeza que gracias al trabajo que realicé —junto con mis compañeros— hoy Navarra es un lugar mejor. No sólo he dedicado mi vida al servicio de la comunidad, sino que también, gracias a los impuestos que llevo pagando 70 años, he aportado mi granito de arena para la cimentación de las grandes infraestructuras e instituciones que hoy definen a Navarra y la hacen destacar con respecto a otras comunidades autónomas.  Por todos estos motivos, considero normal que mi indignación y malestar ante los acontecimientos de la pasada noche sean todavía mayores, y quiero compartirlos con usted.  A principios de este mes de julio fui con mis hijas y nietos de vacaciones a un pequeño pueblo de la costa de Castellón. Fue allí donde caí enfermo. Tras un ingreso de una noche en un hospital de la zona, se tomó la decisión de trasladarme de vuelta a Navarra con urgencia, hogar de la sanidad más completa y de mejor calidad de nuestro país. Así lo hicimos. Cuando llegamos a Pamplona, me encontraba en un estado crítico. Esperando los resultados de la prueba PCR, fui ingresado en una unidad de aislamiento habilitada en el antiguo Hospital Virgen del Camino.  El trato por parte del personal ha sido siempre magnífico. Son las condiciones —me atrevería a decir tercermundistas— de la habitación de la unidad de aislamiento las que me han impulsado a escribirle esta carta. Pasé la primera noche en una habitación sin ventilación, tras un día de más de 35ºC de temperatura. La habitación no tenía aire acondicionado, ni un simple ventilador. No encuentro palabras para describir la sensación tan horrible de aquella noche. Con 86 años de edad, y repito, en un estado de salud crítico, la situación fue desconsiderada: fueron horas de puro sufrimiento.  Sigo sin comprender cómo en la Comunidad con la mejor sanidad de nuestro país se puede permitir el ingreso de un paciente en una habitación como la del primer día, teniendo en cuenta la situación límite que estaba viviendo. Hoy le escribo desde una habitación bien ventilada y acondicionada, pero le pido, Sra. Chivite, que tenga esto en consideración para que todas las habitaciones del Complejo Hospitalario de Navarra dispongan al menos de las instalaciones necesarias para garantizar el bienestar del paciente, y para que se tomen medidas en estas habitaciones en concreto.  

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