Peorcracias
Publicado el 22/07/2020 a las 07:41
En español, podríamos llamar “peorcracia” al gobierno de los peores. Si el pueblo no se equivoca al votar, el partido y el candidato que reciben más votos son objetivamente los mejores para gobernar (aristocracia: gobierno de los mejores); y a la inversa, los peores. En tal caso, la peorcracia es el gobierno del perdedor o de los perdedores en las elecciones. Viene a cuento esto porque en Navarra se unieron para gobernar precisamente todos los partidos perdedores. La conclusión es fácil: si el pueblo navarro acertó al votar, somos una peorcracia. Quizás los perdedore se unieron pensando que el pueblo se había equivocado al no votarles y que ellos tenían derecho a rectificar ese error del pueblo soberano. El peligroso complejo de superioridad de los que se consideran progresistas y las tendencias dictatoriales pueden llevar a hacer cosas de este tipo: todo para el pueblo (en teoría) pero sin el pueblo, el despotismo no ilustrado, sino “progresista” en este caso. Si por el contrario rectificaron al pueblo pensando que éste había acertado, la cosa resulta peor: estamos ante una especie de traición caciquil a la voluntad popular. Por otra parte, pudiera ser que la unión para gobernar de los perdedores fuera el fruto de un mero afán de poder, del que habría que esperar muy poco de bueno. Si lo fue, cabría esperar una multiplicación de innecesarios cargos públicos para paliar el hambre desmedido de poder de aliados, amigos o parientes, con el consiguiente despilfarro del dinero público; y una negativa a recortar gastos públicos superfluos en momentos de crisis económica como la actual. Pero justamente esto está ocurriendo aquí. Estamos pues bajo el gobierno de unos perdedores que pensaron y piensan más en su ansia de poder y en su propio interés que en el de los gobernados, y que se dedican más al postureo, al cuidado de su imagen y a la propaganda que a la acción eficaz de gobierno y a la resolución de problemas. También por aquí resulta que estamos en una peorcracia. Como en la legislatura anterior. Habrá que ver si en las próximas elecciones el pueblo acepta sumiso, o no, esa rectificación del sentido de su voto que hicieron los perdedores, el despilfarro, el gobierno ineficaz, el ser una peorcracia en vez de una aristocracia.
Dado que Sánchez ganó las pasadas elecciones, no se cumple el requisito (ser su gobierno el resultado de la unión de perdedores) que permitiría considerarlo una peorcracia. Pero sí se cumple otro requisito: gobierna gracias a su unión con los que han dado un golpe de Estado para romper la nación; y con los que en el pasado han apoyado y ahora no condenan el terrorismo de ETA; y con el “leal” PNV cuyo líder Urkullu presume de no ser español; y con un partido cuyo modelo es Venezuela o Cuba. En ningún país de Europa existe ni se toleraría un gobierno semejante, que sólo es posible si se busca llevar al país a la catástrofe. Ya solo con esto, sin necesidad de posibles añadidos como las mentiras y trampas en el juego de Sánchez, desembocamos en la conclusión peorcrática: tenemos en España el peor gobierno de Europa. Somos pues el país más desgraciado. Por si hicieran falta más pruebas, demos dos: la primera, que tras la pandemia somos en Europa el país con más muertos por millón de habitantes y el peor parado en el terreno económico. Todo un récord en peorcracia. Y la segunda, que un informe reciente de la Universidad de Cambridge que mide diversos indicadores, concluye que la peor gestión de la pandemia en el mundo desarrollado es la de Sánchez e Iglesias. El dúo peorcrático.
Como el peor gobierno no sabe gobernar bien, se ocupa de lo que se suelen ocupar los malos gobernantes: de la propaganda y de su autodefensa mediante las televisiones compradas para embaucar al pueblo y lograr que le permita seguir gobernándonos peor.
Rafael Berro Úriz