Del racismo sabiniano a la ideología del odio

Jaime Ignacio Del Burgo|

Publicado el 07/07/2020 a las 08:46

En 1963 se produce un cambio trascendental para la difusión del nacionalismo. La idea de una raza vasca incontaminada a lo largo de los siglos defendida por el PNV deja paso a la lengua como elemento fundamental de identificación nacional. Justo lo contrario de la doctrina sabiniana. No se olvide que el País Vasco había sido receptor de oleadas de “maketos”, es decir, de españoles inmigrantes, establecidos sobre todo en Vizcaya buscando las oportunidades de trabajo producidas por el proceso de industrialización de finales del siglo XIX, y de mediados del siglo XX ya bajo el régimen franquista. La idea de una raza pura, predicada por Sabino Arana, era del todo punto insostenible.


El autor de la redefinición ideológica del separatismo vasco será Federico Krutwig, un “maketo” de Guecho, nacido en 1921, fruto del mestizaje entre un alemán y una vasca con sangre veneciana. En 1943, es decir, en pleno régimen franquista, había ingresado en la Real Academia de la Lengua Vasca, donde defendió apasionadamente la necesidad de unificar los distintos dialectos del vascuence. A su juicio la pervivencia del idioma vasco dependía de su unificación. Finalmente, en los años sesenta, conseguiría que su tesis fuera aceptada y surgió así el “batua” o vascuence unificado. Fundador de ETA y exiliado voluntariamente en Argentina, Krutwig publica en Buenos Aires (1963) un ensayo titulado “Vasconia”, bajo el seudónimo Fernando Sarrailh de Ihartza, convertido en el libro de cabecera de los dirigentes de la banda terrorista.


Federico Krutwig reformula el nacionalismo vasco y lo inserta en el marco de la lucha de clases y de la revolución proletaria. El castellano es el idioma de los burgueses vizcaínos y demás opresores del pueblo trabajador vasco. Expresarse en castellano es utilizar la lengua de los explotadores. Y la liberación de la opresión es un derecho y un deber del pueblo trabajador vasco. Marxismo y nacionalismo se abrazan. El euskera se convierte así en el elemento esencial de la lucha por la independencia. El castellano es “un cáncer desarrollándose en un cuerpo sano”. Así se sembró la ideología del odio.


Krutwig también tiene meridianamente claro que resulta imprescindible el adoctrinamiento de los niños, una obsesión de los radicales aberzales que se intensifica en Navarra día a día: “Se puede establecer claramente… que el pensamiento del hombre es durante toda su vida enteramente tributario del lenguaje que aprendió cuando niño… El idioma crea el alma del individuo y el alma de los pueblos”.


Por eso, los calificativos más duros del libro se dedican al que fuera por aquel entonces presidente del Gobierno vasco en el exilio, Jesús María Leizoaola (PNV): “Mi espanto fue tremendo cuando me enteré de que el propio presidente Leizaola, en realidad no era más que un colaborador gratuito de los enemigos del pueblo vasco y siéndolo otro tanto su esposa… y diciéndose nacionalista vasco, tenían hijos de los que ninguno poseía la característica principal de la nación vasca. Pensé que en realidad en los pueblos de la Europa central, un falso nacionalista que cometiese tal pecado de lesa patria hubiese merecido ser fusilado de rodillas y por la espalda, mientras que nosotros aún lo teníamos por presidente de un gobierno, que el ingenuo pueblo vasco cree Gobierno Nacional del Pueblo Vasco, la entidad que va a traer la independencia a nuestra patria. Y concluye Krutwig con esta terrible apelación a la revolución, al terrorismo y a la guerra: “El pueblo vasco, no solamente tiene derecho a levantarse en armas para oponerse a la nacionalización de parte de España y Francia, sino que se trata de un deber moral el que se oponga a la deshumanización hecha por vías del Estado opresor. Es una obligación de todo hijo de Euskalherria oponerse a la desnacionalización aunque para ello que emplearse la revolución, el terrorismo y la guerra. El exterminio de los maestros y de los agentes de la desnacionalización es una obligación que la Naturaleza reclama de todo hombre. Más vale morir como hombres que vivir como bestias desnacionalizadas por España y Francia”. Los cobardes criminales de ETA ya tenían licencia para matar.

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