Racismo
Publicado el 06/07/2020 a las 08:25
No me gusta meterme en los asuntos de otras Comunidades Autónomas pero, en vista de que la vecina lleva decenas de años haciéndolo, me voy a tomar la libertad, sin que sirva de precedente, de hablar sobre un asunto que concierne a las Provincias Vascongadas e incluso, terminaré la carta haciendo alguna sugerencia.
Desde el brutal asesinato, el 25 de mayo, del afroamericano George Floyd asfixiado por un policía blanco, se ha desatado a lo largo de todo el mundo una marea de protestas y manifestaciones contra el racismo sin precedentes. Como parte de esas protestas globales, en varios países se han derribado estatuas de personajes históricos vinculados al pasado colonial. En Inglaterra, por ejemplo, se ha derribado y arrojado al río la estatua de un traficante de esclavos; en Bélgica, también ha sido vandalizada la estatua del Rey Leopoldo II. Pues bien, al hilo de este movimiento generalizado sugiero que aquí al lado, en el País Vasco, se retire la estatua que hay en Bilbao del fundador del PNV, el señor Sabino Arana. Esta persona no discriminaba a otras personas por su color de piel o por la religión que profesaba. Las rechazaba por sus apellidos: “El apellido es el sello de la raza”. Cuanto más leo sobre este elemento, más difícil me resulta entender que, en una Comunidad Autónoma donde conviven cientos de miles de ciudadanos cuyos abuelos venidos de distintas partes de España a trabajar y contribuir en el desarrollo económico del País Vasco, se ensalce y se haga homenajes a una persona que los rechazaba y los llamaba “maketos” de forma despectiva. Era tal el odio que tenía a estas personas que no quería ni que aprendiesen euskera. Llegó a escribir que “…padecemos muy mucho cuando vemos la firma de un “Pérez” al pie de unos versos euskéricos, oímos hablar nuestra lengua a un cochero riojano, a un liencero pasiego o a un gitano, o al leer la lista de marineros náufragos de Bizkaia tropezamos con un apellido maketo”. Era tan xenófobo que, para asegurarse de que su novia era de pura raza vasca, investigó de parroquia en parroquia hasta el apellido 126 y, respiró con alivio cuando comprobó que todos sus apellidos, desde el primero hasta el último, eran euskéricos. Está claro que mi abuela, al igual que la mayoría de las abuelas de los que están leyendo esta carta, habría sido rechazada por este personaje. Pero su hermano Luis, no era menos. Se enamoró de una aragonesa, Josefa Egües Hernández, y le hizo cambiar sus apellidos por Eguaraz Hernandorena para solucionar el problema, y así casarse con purísima vascongada. Vaya par de hermanos. Y éstos fueron los que inventaron la ikurriña.
Así pues, por respeto a los miles de ciudadanos del País Vasco descendientes de los emigrantes castellanos, andaluces, riojanos, extremeños, gallegos, navarros, etc. sugiero que se tomen las siguientes acciones. En primer lugar, tal y como he comentado antes, retirar la estatua de Sabino Arana que está ubicada al lado de la sede del PNV en Bilbao. En segundo lugar, cambiar la denominación de las avenidas y calles que lleven su nombre. Y, por último, abrir un debate serio, con mucho diálogo, diálogo y más diálogo, entre los ciudadanos del País Vasco, para valorar la existencia de una Fundación que lleva el nombre de este personaje: Fundación Sabino Arana. Animo a ese político del PNV vizcaíno, el señor Ortúzar, a participar en este debate que concierne a su tierra y así deja, durante un tiempo, de entrometerse en asuntos de otras comunidades vecinas.
Juan Manuel Díaz Barcos Gil Pérez.