Un senador por Navarra
Actualizado el 17/06/2020 a las 08:11
Cuando supe que un senador por Navarra tenía que intervenir en la Cámara Alta de España, no dudé en ponerme delante del ordenador, hinqué los codos, cabeza entre las manos, y me dispuse a no perder palabra.
Se trataba de una intervención de Alberto Catalán, ante el ministro de justicia español. Preveía un debate de fondo, pues el asunto estaba relacionado con las manifestaciones proetarras ante la huelga de hambre promovida por el asesino del concejal Caballero (recuerdo aquellos días luctuosos). Al senador le vi sereno, firme, contundente, seguro y convencido. Miré abajo, al asiente reservado al ministro: cabizbajo, ¿arrepentido? Puede; pero seguía hundiendo su vista en el pupitre: no osó levantar la cabeza y seguí esperando. Cuando el senador Catalán concluyo su intervención esperaba la respuesta del ministro Marlaska: prometía… Pero no se produjo (lo aprendí de mi madre: “mira hijo, el que calla, otorga”); según el dicho, el ministro Marlaska otorgaba la razón al senador navarro. También lo aprendí de mi madre: “hijo, la humildad ennoblece a la persona, pero la soberbia hace estragos”.
Al día siguiente, leí dos titulares destacados en el periódico: uno, a dos columnas, el PNV se postulaba portavoz del País Vasco y de Navarra , ¡inaudito! El otro, a una columna, la presidenta de Navarra declaraba “Navarra se basta por sí sola para defender sus intereses”. Diana, señora Chivite: Navarra no necesita portavoces espurios, porque el senador Catalán acaba de demostrar que lo supera con creces; Navarra tiene su propio “primo Zumosol” para la defensa de los intereses de todos los navarros ante el Estado español. Ignoro si Chivite conoce el vídeo en cuestión; en todo caso, que lo vea, que entra en su sueldo.
