¿Y si nos lo merecemos?

Íñigo Gallego|

Actualizado el 21/05/2020 a las 08:21

Vivimos en un país ciertamente curioso. El día 8 de marzo, mientras organismos internacionales e informes de Sanidad alertaban sobre el potencial peligro de este nuevo coronavirus, multitudinarias manifestaciones recorrían España con el beneplácito del Gobierno. Poco importa si este último ignoró las advertencias deliberadamente o no; es igualmente desconcertante Simultáneamente, ciertos sectores políticos reclamaban ya el cierre de las fronteras ante el inminente peligro. Parecían ser, al igual que el Ejecutivo, conscientes del riesgo que corríamos. En consecuencia, decidieron mostrarse solidarios con el sagaz proceder del Gobierno celebrando un congreso de 10 000 personas en un recinto cerrado. Tras aquellos episodios – y sus calamitosas consecuencias – quedó patente que las aglomeraciones deberían restringirse por cierto tiempo. Pero, como digo, nuestra sociedad es muy peculiar: dado que había algunos estratos sociales que no eran ni de Vistalegre ni de 8M, han decidido ahora echarse a la calle, cacerola y palos de golf en mano, a protestar contra la clase política gobernante. Al mismo tiempo, en la Comunidad de Madrid, el Colegio de Médicos contradice a la presidenta regional. Mientras Isabel Díaz Ayuso se dice víctima de un todos-contra-ella y acusa al Gobierno central de tomar decisiones con criterios políticos, la organización médica – que parece más dada a emplear criterios sanitarios que políticos – defiende que la capital no reúne los requisitos para pasar de fase. Todo ello ha derivado tanto en crispación como en inverosímil despropósito político. El presidente parece haber sumado a Ciudadanos a su variopinto abanico de socios coyunturales en detrimento de ERC. Horas después, el PSOE ha anunciado un acuerdo con tan fiable formación como EH Bildu para derogar algo tan nimio como la legislación laboral del año 2012. Con todo ello sobre la mesa, bien pudiera parecer que el pueblo español vive maltratado por sus políticos, un argumento de sobra utilizado por infinidad de personalidades públicas y que parece haber calado. Sin embargo, olvidamos que la clase política emana de la sociedad, que los gobernantes son ciudadanos y que somos nosotros quienes los elegimos. Así nos va. Selección natural, decía Darwin…

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