Repensemos las zonas verdes
Publicado el 21/05/2020 a las 10:28
Seguramente que muchos de nosotros hemos visto como, a lo largo de los últimos meses de confinamiento, el césped de nuestra ciudad ha crecido sin control en parques, rotondas y jardines. Y ahora que parece que por fin se acaban las semanas más duras, observo como muchas de estas zonas están volviendo a ser segadas. Y me pregunto ¿no sería un buen momento para plantearnos si merece la pena el dejar como están algunas zonas de hierba alta? Recuerdo cuando era pequeño el placer que me producía jugar en el descampado que había delante de mi casa. El como aprendías reconocer las distintas plantas por su olor, color, textura. Oír a los insectos zumbar y moverse a mi alrededor, y seguir a las hormigas para descubrir donde podía estar su agujero. Tirarme en el suelo para que mis amigos no me escondieran. No se puede aprender a apreciar la naturaleza si nos encontramos con ella, y esta situación nos ofrece la oportunidad de traer un poquito de naturaleza a nuestras ciudades y romper la monocromía del verde. Si a todos nos alegra ver las flores salir en primavera, ¿cuánto más nos podría alegrar ver como esa imagen cambia a lo largo del año? Además, la hierba alta y sin cortar supone un verdadero cambio de biodiversidad en nuestras ciudades, creando un nuevo hábitat para distintas especies de fauna y flora. Nuevas oportunidades de comida o de refugio favorecerían a las especies con las que compartimos el entorno, y que muchas veces viven en un erial de asfalto, baldosa y césped cortado a cepillo. La ciudad ofrece (y con acierto) multitud de parques donde poder estar tranquilamente sentado sobre la hierba corta, limpios y adaptados a nuestras necesidades. Pero no podemos vivir de espaldas a la naturaleza y, sobre todo, no nos neguemos el placer de cuando nos apetezca, poder salir a observarla y disfrutarla. Imanol Miqueleiz, biólogo.