El síndrome de Estocolmo y el coronavirus

José Luis Díez Díaz|

Publicado el 19/05/2020 a las 08:16

Se han cumplido cincuenta días del estado de alarma, previsto en el art. 116 de la Constitución, y estamos preparados según la última comparecencia del presidente del Gobierno a una prolongación del mismo de como mínimo cincuenta días más, es decir una duración total de cien días de “secuestro” o detención contra la voluntad general de los españoles. No conozco al tiempo de escribir estas líneas el contenido concreto del último decreto (...) y que previsiblemente dará lugar a múltiples y contradictorias opiniones e interpretaciones, pero que se complicarán todavía más con alguna posterior orden ministerial, pues ” este Gobierno escucha”. Ha tenido mala suerte este Gobierno al tocarles esta pandemia, sin cumplir sus primeros cien días en el poder, pero hay que resaltar e incidir en la obcecación del presidente en no tener la valentía y dignidad de reconocer , quizás mal aconsejado, su tardanza en enfrentarse al problema, las posteriores y continuas dudas de su ejecutivo, tensionado y condicionado por el ala “podemita” y donde prima, en el caso del presidente, su desmesurado afán y obsesión por el poder.


Y no solamente es detestable esa falta de humildad del Presidente y no hacer piña con la oposición, sino su altanería y desprecio, y su protagonismo con su afectado y falso paternalismo en sus preparadas comparecencias, de corte bolivariano y de duración castrista, regadas de mentiras, manipulaciones y falsedad de datos (hasta con los desgraciadamente fallecidos, cuya magnitud para que comparemos los navarros serían como si en cincuenta días hubiera desaparecido los habitantes de Tudela) y con las últimas perlas de “la nueva normalidad” o el “altamente recomendable utilización de mascarillas”, “las fases 0-1..” o sus “asimetrías” territoriales, referidas al desescalamiento en este precario pseudo- estado federal. Es cuestionable la legalidad de este confinamiento, agravado con la torpeza de la mendacidad de sus anuncios: como la de los aviones que iban y venían con material disponible y su reparto, la compra de (defectuosos)test, nuestro posición en el entorno europeo (los de mayor tiempo de confinamiento) etc, y para colmo las interminables “chapas” que nos mete tanto él como el Comité Técnico, con sus escenificadas intervenciones e imperdonables “meteduras de pata”, en vez de implementar y disponer recursos sanitarios y engañarnos con aliviar algo el “secuestro” conduciéndonos a una cierta empatía, próxima al síndrome de Estocolmo o de Helsinki, como ocurrió en algún caso de los tristemente pero casi olvidados secuestros de la banda terrorista ETA. Espero y deseo que a las víctimas, muchísimos españole, no nos invada una cierta predisposición o vinculación afectiva hacia nuestros secuestradores, una vez pase esto, llegando a identificarnos con sus ideas y les agradezcamos habernos salvado de esta pandemia, olvidando su pésima gestión y el futuro que nos espera en esa vuelta a la “nueva normalidad”.


José Luis Díez Díaz

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