En honor de las madres

Alejandro Sánchez Ongay|

Actualizado el 30/04/2020 a las 08:37

En el libro “La cara norte del corazón” (de Dolores Redondo, de Ediciones Destino, Editorial Planeta, Barcelona, 2019, página 375 y 376), que he leído en estos días con pandemia, saca a colación cómo se sobrevive a una tormenta, cómo se lucha, cómo se resiste, cómo se sobrevive, en diversos ámbitos (añado yo: sanitarios; policía, guardia civil y militar; comercio, etc.). Y que cuando las razones se cuestionan, cuando las consignas dejan de tener sentido, cuando el cansancio hace presa en los cuerpos y en las almas, cuando continuar o no pasa a ser una opción –concluye la autora–, no existe fuerza tan redentora como el poder del contacto humano. Ahí quiero llegar. Porque me sugiere que quien mejor lo encarna es la madre. Creo que, todos los días, echamos en falta darle un beso y que ella nos dé su abrazo, porque tiene “esencia amada y curativa”, como sostiene la escritora en la página 383. La palabra latina mater, matris tiene entre sus acepciones la de madre, madre patria, afección materna, maternidad; también causa, origen, fuente. Y a madre “me saben”: abrazo, atención, beso, caricia, cariño, esmero, protección, regalo…, albóndigas, pella, croquetas…; también, milagros de esos que es testigo mi hijo: “Echo la ropa a la lavadora, y, cuando vuelvo a casa, me encuentro la ropa planchada, doblada y ordenada encima de la cama (la verdad: en mi casa se hacen milagros)”. Por eso, y en homenaje a todas las madres, escojo estos sentidos refranes populares: A quien tiene madre no hay que llorarle; Abriga la nieve al trigo, como abriga una madre a su hijo; Aguarda de tus hijos lo que a tu madre haces tú mismo; Al niño, su madre castigue, limpie y harte; y si llorare, le acalle; Amistad durable, la de la madre; Amor como el de la madre no lo conoce nadie; Amor, de madre; lo demás, humo y aire; Amor de madre, ni la nieve enfriarlo hace; Amor, de madre; otro mejor no hay; Amor grande, el amor de una madre; ¡Bendita sea la madre que te parió!; Beso que se da al niño, la madre lo recibe en el carrillo; Calor de madre, hijo cría; Caudal inagotable, el cariño de una madre; Como ama la madre, no ama nadie (los latinos decían Nullus affectus qui vincat maternum: Ningún afecto por encima del materno); Cuando de las mujeres hables, acuérdate de tu madre; De mujer que es madre, nadie mal hable; En la casa manda el padre cuando le deja la madre; Hijo mío, escucha los consejos de tu padre y no olvides los preceptos de tu madre; La mujer que es madre no es mujer, sino ángel; La buena madre no dice al hijo: ¿quieres?, sino: toma; La buena madre no pregunta: ¿quieres?, sino da cuanto tiene; La amante ama un día; la madre, toda la vida; La madre y el doctor, cuanto más cerca mejor; Madre no hay más que una; Mi casa y mi madre, más que el resto del mundo valen. De ahí que, y porque se lo merecen, siempre que puedo, con ocasión de los cumpleaños, me agrada ampliar la felicitación también a las madres.

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