Ayer como hoy. En tiempos de tribulación

Miguel Ángel Barberá Ruiz|

Publicado el 09/04/2020 a las 10:30

Ayer como hoy. En tiempos de tribulaciónEn aquella Pamplona amurallada, a caballo entre los siglos XVI- XVII, la vida discurría laboriosa y devota; con sus anhelos, con sus problemas y soluciones, como ahora; realidad truncada, por la muerte negra que, procedente de los puertos cantábricos y pese a los controles de la autoridad sobre las personas que atravesaban los portales de la muralla, la peste (como ahora), entró en la Capital del Viejo Reyno, sembrando el pánico y diezmando a sus habitantes. Los pamploneses de aquel 1599 se vieron frágiles y vulnerables; todas sus seguridades desaparecieron frente a la dureza del azote. Sin recursos humanos, pidieron la intercesión del Santo Patrón, San Fermín. Un franciscano, tuvo una revelación: imprimir el dibujo de las llagas y corona de espinas de Jesucristo, sobre papel, para que, todos los habitantes las prendieran en la ropa, sobre el pecho, y las mostrasen durante 15 días, con oraciones, ánimo de conversión y una procesión como la de Jueves Santo, pues, con el aceite de misericordia de las sagradas llagas y corona de espinas, se alcanzaría la salud. El domingo 17 de octubre, el Ayuntamiento, en nombre de la ciudad, hizo un voto solemne a San Fermín, San Roque y San Sebastián, mandando que las insignias impresas con las Cinco Llagas, se repartieran a todo el vecindario. Por la noche, se inició una procesión, llevando en andas la sagrada enseña hasta el Convento de San Agustín donde, durante quince días, fue venerada por los fieles. Con aquello, frenó la epidemia y fallecimientos, se curaron los enfermos y la calma volvió a la ciudad. El Ayuntamiento, agradecido, el 2 de septiembre del siguiente año de 1600, decidió colocar en el reverso de sus medallas corporativas y en la bandera de la ciudad, la representación de las Cinco Llagas, de color rojo, rodeadas por la corona de espinas, de color verde. La vida (que, ayer como hoy) es eso que se nos escapa por entre los dedos, sin que podamos controlarlo, nos saca del confort de nuestras seguridades, con el estupor de descubrirnos radicalmente pobres; necesitados de levantar los ojos al cielo y a los otros, esperando el escalofrío de su ayuda (¡como siempre!). Como cada tiempo tiene sus milagros, suplicamos a San Fermín (como entonces), que interceda ante Dios por esta humanidad asustada que somos todos, y al Espíritu, guie la inteligencia, los corazones y las manos expertas, con resultados rápidos y efectivos, contra la pandemia; especial intención por su ciudad de Pamplona, implorándo que, Él, nos eche un capote (como entonces) pues, este toro, de una ganaderia desconocida, cornea en todas direcciones y apenas logramos recortarlo; y este Jueves Santo de 2020, con el confinamiento por el corona virus, no se podrá renovar el Voto de las cinco Llagas, cosa (que, ayer como hoy), se venía haciendo, desde hace hace 421 años. (Un amanuense)

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