Qué virus más injusto
Actualizado el 07/04/2020 a las 22:45
Ayer vi un video de un hombre que podría ser mi padre, en él explicaba con toda tranquilidad, de una forma sencilla y llana, cómo fabricar una máscara protectora a partir de una botella de plástico. En 3 minutos, sin complicaciones y barata, y además eficiente. En ese video podría resumirse toda una generación, la mejor generación que ha visto este país y que seguramente verá. Hombres y mujeres que lo han dado todo por los suyos, y por los que no lo son. Que han sabido construir un país prácticamente de la nada, vivir en una dictadura y aún así sacar lo mejor de si mismos, ser austeros, trabajadores, eficientes, generosos, y a pesar de sus muchas diferencias estar unidos en los momentos difíciles, que son muchos, durante los periodos más críticos de esta nuestra España. Esta generación lo ha dado todo por sus hijos, sacrificando su tiempo y energía por nosotros. Y al llegar su tiempo para disfrutar, de subirse al carro de la jubilación, esa en la que muchos sueñan, se ha puesto de nuevo el mono de trabajo repitiendo lo mismo que ya hicieran por sus hijos pero ahora por sus nietos. Y encima, aunque parezca imposible, con más ahínco, tesón y sacando esa energía, esa que muchos de nosotros todavía nos preguntamos que de donde demonios sale. Está claro que no todo son luces, y que también hay alguna sombra, pero ¿dónde no las hay? Sobra decir que las generaciones posteriores quizá estén más preparadas, dispongan de una formación mucho mayor, tampoco ellos lo tuvieron fácil para acceder a ella. Si ahora sabemos de todo, tenemos internet, conocemos muchos países y estamos informados. Me pregunto, ¿qué hubiera pasado si la generación de nuestros padres lo hubieran tenido?, nunca lo sabré. Pero lo que si sé es que les envidio porque ellos han dado significado y valor a dos palabras que, antes de que llegara este maldito virus, ya casi no se veían en el mundo en el que vivimos, y así nos iba. Esas palabras que me producen tanta envidia son el sacrificio, sacrificio por los demás, por sus familias, amigos…. y solidaridad por el mundo que les rodeaba, de forma humilde y altruista en muchos casos. Y ahora es este maldito virus, el virus que se lleva a la mejor generación de este país, quien nos recuerda y a muchos nos enseña los valores que se van con cada uno que se lleva. Paradojas de esta, la vida. Creo que es hora de recordarles, y de estarles agradecidos, de darles un abrazo los que podamos cuando salgamos y nos deje este maldito virus, y de llorarles los que hayan tenido la desgracia de perderlos. Qué injusta es a veces la vida, que desagradecida y que maldita. Porque a muchos de nosotros nos ha negado el último beso, el adiós que reconforta, la mano que se aprieta a la otra, la sonrisa que se recuerda. Un maldito bicho ha negado lo que esta generación de nuestros padres se había ganado por derecho y sacrificio, morir en paz, reconfortado por los suyos y en su casa. Yo no se vosotros, pero ahora lo veo más claro y de mayor quiero ser como mi padre.
