Nuestros mayores

Alicia Irigaray Murillo|

Actualizado el 03/04/2020 a las 08:14

Estos días estamos presenciando una verdadera reacción social en la que tratamos de velar por los más vulnerables: los enfermos de COVID-19, sus familias, los mayores, los niños, las personas que los atienden, y un largo etc. También estamos viendo con impotencia cómo no siempre los recursos son suficientes para tratar y atender a nuestros mayores. Y no debería ser así, eso lo firmamos todos. Una sociedad que valora y protege a los que no pueden hacerlo por sí solos demuestra una gran calidad humana. Pienso que no es muy atrevido por mi parte pensar que, en este sentido, casi todos estamos orgullosos de ver cómo estamos reaccionando (ayudando, o quedándonos en casa, que al caso, es otra forma estupenda de ayudar), a la vez que deseamos que todo esto no se quede en bonitos gestos sino que esta actitud perdure más allá de la crisis. Sin embargo, me viene a la mente como un resorte cómo el pasado febrero el Congreso aprobó regular por ley la eutanasia con una mayoría de votos nada despreciable. Qué contraste. El debate no es el mismo, me diréis algunos. Ciertamente, los términos no son los mismos: en un caso hay quien pide ayuda para terminar sus días, y en el otro, se trata de ayudar a seguir viviendo, por muy frágil que se sea. Por otro lado es un tema muy complejo, y sería muy simplista y atrevido tratar de resolver en unas líneas el debate. Sin embargo, es evidente que concediendo la excepción, se hará finalmente (como siempre pasa) una norma. Tenemos una larga experiencia que así lo confirma. Y viendo cómo estamos reaccionando con el COVID-19 y nuestros mayores, ¿realmente queremos dar luz verde a una ley así? No me convence en absoluto. Quizás es que hemos desplazado el argumento y nos hemos convencido de que es un bien para quien demanda la eutanasia: pero a nadie se nos ocurre pensar que a día de hoy, un paciente crítico, demande en el hospital que no se pongan los medios para sacarlo adelante. La sanidad se ha desarrollado para preservar la vida y mejorarla, no para quitarla del medio. Por eso no es un debate sanitario (mucho menos humanitario, al menos eso estamos demostrando), es un negocio que “sale a cuenta”. Y sí, hemos dado luz verde a lo que a día de hoy, en medio de esta pandemia, queremos evitar a toda costa: prescindir de nuestros seres queridos (que casi siempre serán nuestros mayores).

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