Feliz cuarentena

Xabier Ekiza Aldabe|

Actualizado el 17/03/2020 a las 08:23

Las medidas decretadas por el gobierno central imponiendo un estado de alarma para frenar la expansión del Coronavirus suponen el necesario alivio que muchas personas estaban necesitando. Hablamos de personas con salud precaria, edad avanzada y/o enfermedades crónicas, expuestas más que nadie a ser rematadas o tocadas por un virus mucho más peligroso que el de una gripe común. Que el Estado adopte medidas drásticas supone que por fin se tomen en serio los riesgos y se apliquen estrategias que no son ocurrencia política sino recomendaciones médicas de la comunidad científica. Que frente a estas medidas tengamos que oír burradas, los consabidos fastidios, y algunos reparos egoístas es lo de menos. Ya sabemos qué atrevida es la ignorancia sobre todo de quienes no sufren los riesgos en primera fila o no se creen por sistema los buenos propósitos. Quizá bromeaban hasta hace unas semanas con una enfermedad que les tocaba lejos y ahora patalean por no poder salir de casa a hacer la vida normal que contagia el virus de forma temeraria.

Resulta admirable que se hayan suspendido espectáculos y tradiciones de masas, lo mismo que la disciplina con que la gente está aceptando lo excepcional de la situación. En este sentido, se entendería mal que no paren los negocios o grandes fábricas que no producen lo imprescindible. O que se mantengan citas electorales que bien pueden ser aplazadas hasta dentro de unos meses. Puede que aprendamos que hay cuestiones en salud, solidaridad y medio ambiente que sólo desde directrices claras y globales podemos combatir, lo que hará necesario algún día contar con instituciones políticas a la altura de los nuevos retos en vez de someternos a la estrechez de miras de gobiernos rendidos a intereses y negocios particulares. Hay otras epidemias mortales y tragedias humanitarias a las que damos la espalda. También aprenderemos que hay un impacto personal ineludible en los problemas y las soluciones que conciernen al mundo que vivimos. Que dejar de ganar dinero o perderlo puede parecernos un drama y hasta serlo, pero también está en nuestras manos adaptarnos a nuevas situaciones y superar desafíos. Dos semanas sin ir a clase pueden ser de lo más instructivas si nos sirven para repensarnos.

Mientras tanto, la ocasión es única: la de saber que contribuimos a atajar el contagio de una enfermedad que mata, y ya de paso la de reconocernos en este encierro. Puede que hasta haya rutinas abolidas que nos sobran y otras nuevas que descubrimos. Feliz cuarentena a todo el mundo.

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