Cambio de chip necesario y aplicable para todos

Carmen Olorón Goñi|

Publicado el 16/03/2020 a las 08:09

Lo que comenzó siendo una tormenta amenazante en la lejana China, poco a poco se fue acercando hasta nosotros. Cuando llegó a la vecina Italia empezamos a ponernos nerviosos y hoy, que ya ha alcanzado el trending topic en nuestro país, nos planteamos diversas cuestiones a saber: una, cambio de chip, total y absolutamente, porque estamos en una situación nueva y desconocida para la mayoría. No es la guerra pero lo parece, se almacenan víveres por lo que pudiera pasar, se suspende casi todo, se cierran los centros educativos y los comercios, se vacían las calles como si fuese viernes santo de los de antes. Y lo peor y lo más serio, están en juego las vidas de las personas.


Primera lección. Humildad. Nos creíamos don dios y los amos del mundo, la libertad era nuestra bandera y podíamos ir y venir, atravesando fronteras sin pedir permiso a nadie. ¡Pues no! ¡Quietos en casa! Porque somos frágiles, contingentes y mortales. En la época de la más alta tecnología, ésta no nos sirve para descubrir y eliminar al bicho asesino. Y el mundo tiembla y se cuestiona, o debería, qué o quiénes somos.


Segunda lección. Solidaridad. Parece que los más vulnerables son sus presas favoritas, así que el miedo en muchos casos o nuestra conciencia solidaria en otros, nos impele a todos, sin distinción de sexo, edad, partido político o religión, a colaborar en la medida de nuestras posibilidades, porque no somos tan independientes como pensábamos. A pesar de Cataluña, todos somos la casta de la humanidad y cuando llega una cosa de éstas, recordaremos a Fuenteovejuna por el “todos a una” de su historia.


Tercera lección. Gratitud. Porque estamos sanos, al menos para poder contarlo hasta que Dios quiera o el cuerpo aguante. Y cuando deje de quererlo, ¡ya cruzaremos el puente! Pero mientras tanto, a vivir, sin miedos, sin arrugarnos, sin psicosis y compartiendo el problema con todo nuestro saber y entender. Agradeciendo de paso al magnífico cuerpo sanitario, que se la juega cada día por ese prójimo desconocido que somos nosotros.


Última lección. Cambio de mirada. Cuando el “¡aléjate!” o “¡no me toques!” se hace presente, valoramos más que nunca los besos y abrazos de quienes nos quieren y a quienes queremos. Pero aquí y ahora es preciso evitar el contacto físico. ¡Cómo que no estuviésemos ya suficientemente alejados unos de otros! Habría que preguntar en las residencias de ancianos o en los hospitales o en cualquier lugar. Sobra soledad y desamor, pero lo sanitario manda en este momento crucial. Y así, cambiaremos la mano por el aséptico codo y el abrazo por la mirada. Y ya de paso, además de pasar el día lavándonos las manos, pienso si quizás ésta podría ser una ocasión única para cambiar el chip de nuestra existencia, tan sin tiempo para lo esencial, añadiéndole esos verbos a punto de atrofiarse por falta de uso: mirar, admirar, acompañar, agradecer, meditar, adorar o, simplemente, amar.

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