Un freno de mano para el mundo
Publicado el 14/03/2020 a las 08:57
“Estoy encantada.el mundo estaba acelerado y Dios nos ha mandado esto para frenarnos, tranquilizarnos, estar en casa y reposar. Que grande es Dios ”. Estas palabras recibía esta madrugada de una buena amiga con unos días de trabajo especialmente intenso y muchas horas fuera de casa. El coronavirus le ha obligado a frenar de golpe toda actividad. Al margen de las ideas religiosas que pueda tener cada uno, la verdad es que estás palabras me hicieron pensar. El coronavirus realmente ha venido como “un elefante en una cacharrería”. Y podemos vivirlo con más o menos pánico, precaución, responsabilidad, …pero creo que también es una oportunidad que se nos brinda para pararnos y pensar cómo estábamos enfocando nuestra vida familiar, profesional, social, incluso diría, dónde iba el mundo. Es una pandemia, es un virus que está recorriendo el mundo dejando un rastro siniestro por donde pasa, pero quizá, y lamentando el daño físico y en algunos casos mortal que está causando y sin desearlo para nadie, esta situación es una llamada a la responsabilidad social y familiar y en realidad una llamada a lo más importante de la humanidad: el amor y el cuidado a uno mismo y a los otros. Una llamada a humanizar los puestos de trabajo, una ocasión de plantear la auténtica conciliación familiar y laboral, una oportunidad para hacer un uso de la tecnología más humano, al servicio de los auténticos valores y necesidades de las personas: ¿las empresas están preparadas para el teletrabajo? ¿los centros académicos están dotados y los alumnos y profesores preparados para un proceso de enseñanza y aprendizaje telemático?. Ciertamente el coronavirus va a llevarse a mucha gente y desde aquí doy el pésame a todas aquellas familias que pierdan algún familiar durante estas semanas o meses que vamos a sufrir el ataque de este virus, pero ojalá no nos quedemos solo en eso. Pienso que también es una ocasión para pararnos y pensar cada uno de nosotros dónde voy, y dónde estoy llevando a la gente que de algún modo depende de mí o me rodea. Me animo y ánimo a quien lea estás líneas a que sepamos aprovechar este freno de mano que se nos impone a través de este virus agresivo, para pararnos y mirar el horizonte de nuestra vida, para mirar más allá de lo inmediato de cada día y para que nos replanteemos cómo podemos hacer más humano este mundo, cómo podemos recuperar aquellos valores que hemos vivido en la infancia, la relación entre vecinos y familiares, pasar tiempo en casa para nada, solo para estar unos con otros mirándonos, jugando al parchís a las cartas o simplemente hablando teniendo una buena conversación, o leyendo un buen libro. En definitiva, el coronavirus va a hacer mucho daño sin duda, pero también puede ser una ocasión de renovar, de sanear, este mundo que quizá estaba infectado de otro virus, al que no sabemos dar nombre, pero qué es tan letal o más que el coronavirus, el virus del individualismo, del egoísmo, del vicio, de la soledad, del consumismo,…