Todo sobre mi madre... Osasunbidea
Actualizado el 16/02/2020 a las 08:34
No, no se trata de la relación entre Almodóvar y Osasunbidea, sino de la realidad en la que vivimos los sanitarios en Navarra. Soy una enfermera navarra de 58 años que vive en un pueblo cercano a Pamplona. Mi madre y mi hermano habitan a escasos 50 metros de donde resido yo. Ella diagnosticada de Alzheimer desde hace más de 10 años y él con una discapacidad intelectual del 57%. Yo me he encargado principalmente de ellos hasta hace 3 meses.
Después de mucho esfuerzo y de varios intentos por aprobar unas oposiciones en gran parte de la geografía española -entre ellas las de Navarra ¡cómo no!-, va y apruebo oposiciones este año… ¡En Aragón! Yo pensaba, incrédula de mí, que con el panorama familiar antes descrito sería humano y fácil que me concedieran una excedencia, una comisión de servicios... o lo que fuera para quedarme en Navarra, donde he trabajado casi toda mi vida -30 años-, para seguir cuidando de mi familia. Pues bien, después de certificar médica y legalmente las circunstancias familiares anteriores, no ha sido ni fácil ni humano… ¡Ha sido imposible!
Hasta aquí todo normal, esto le ha pasado seguro a mucha otra gente, y yo no escribiría esta carta a no ser por un pequeño detalle que no se me ha pasado por alto y me ha tocado la fibra por decirlo finamente: la respuesta que acabo de recibir denegándome la comisión de servicios por motivos humanitarios precisamente en mi Navarra querida. Y es que se alega entre otras cuestiones que mis razones para solicitar dicha comisión de servicios son “subjetivas". Esto lo indica un funcionario (compañero) en una centelleante respuesta a mi solicitud (sellada con fecha el 20-01-2020 y respondida con fecha 23-01-2020). Le parecen que el Alzheimer de mi madre y la discapacidad del 57% de mi hermano son “ apreciaciones subjetivas “ de la interesada y no razones reales y objetivas. ¡Esto es inaudito!
Lo único realmente subjetivo aquí sería en todo caso mi amor por mi madre y mi hermano, que aunque no sea medible, ya que todavía no se han inventado los cariñómetros, seguro que se puede valorar igual que se hace con el dolor (valor subjetivo) a través de sus diferentes escalas de medición. En fin, no sé cuánto tiempo de vida le queda a mi madre (tiene 86 años), ni qué va a ser de mi hermano, pero ojalá pudiera disfrutar y cuidar de ellos el mayor tiempo posible. ¡Gracias por su humanidad y sensibilidad, Osasunbidea!