Los árboles en Pamplona
Publicado el 05/02/2020 a las 07:20
La historia empezó cuando Asirón era alcalde: árboles grandes, antiguos, frondosos y, sobre todo, sanos, comenzaron a ser talados. La posibilidad de que se cayeran durante tormentas o fuertes vientos pareció ser la única causa para devorar el mejor patrimonio que una ciudad puede tener: sus árboles, sus pulmones. En su lugar se sustituyeron por árboles jóvenes, quebradizos, carne de vándalos de sábado por la noche, que no dan sombra, sin apenas follaje, que tardarán años en crecer… y si lo hacen. Grave error.
Pero cuando pensábamos que Maya había sido elegido para cambiar los despropósitos de la alcaldía anterior, seguimos con las mismas. En la Taconera, en la Media Luna, en la Vuelta del Castillo, en Mendebaldea, en la Cuesta la Reina, en calles y aceras por doquier cada día hay más tocones de árboles grandes, antiguos, frondosos y sanos - lo vuelvo a repetir por si alguno no se ha enterado de que están sanos- que han sido talados sin piedad. ¿En serio creen que anunciando la plantación de no sé cuántos nuevos árboles logramos equilibrar el destrozo sistemático? ¿Saben estos señores de la corporación municipal cuántos años tarda en crecer un árbol como los que ellos mandan derribar sin miramientos, de un plumazo, en un ejercicio de ignorancia e irresponsabilidad? Más de 50. Ni ellos ni ustedes ni yo estaremos para ver de nuevo esos imponentes árboles, que son refugio de pájaros, sombra durante el verano, oxígeno continuo, sostenibilidad de suelos, calidad de vida en una ciudad. Se están equivocando: dejen de hacerlo. Si hay ramas que pesan mucho o pueden partirse, quítenlas, pero no el árbol completo. No hagan semejante idiotez y sobre todo, no pretendan convencernos de que un árbol nuevo y jovencito que acabará seco o roto, puede sustituir a semejantes ejemplares.
No se crean sus propias mentiras, no sean gazmoños y gazmoñas, y abran los ojos. Se están cargando el patrimonio natural, histórico, social y urbanístico. Dejen estar a los árboles, son nuestro mayor activo natural en una ciudad, y planten nuevos, que tardarán tantos años en crecer que estaremos muertos para cuando ese momento llegue. No sean cortoplacistas, entérense de que el cambio climático exige medidas contrarias a lo que están haciendo, sean conservacionistas, razonables y, sobre todo, gestores con criterio y conocimiento. Dejen de cortar a diestro y siniestro, que parece que les ha imbuido el frenesí talibán frente a los budas de Bamiyán.
Planten, repueblen, cuiden los jardines y, de paso, limpien las calles. Hay árboles que tienen colillas en sus parterres desde hace meses (los del cruce de la Avenida Barañain con Monasterio de Urdax, junto al colegio de El Huerto, frecuentado lógicamente por niños y niñas). Preocúpense de una limpieza viaria real, exhaustiva, no basada únicamente en máquinas que barren a batalla dejándose los elementos más pequeños y contaminantes como las colillas. Si el civismo no existe, combátanlo con el ejemplo, no sumándose a la ola de destrucción y chapucería imperante. Más trabajo fino, de cuidados, de recogida real y diferenciada, más árboles y menos talar, talar, talar y dar consejos al ciudadano para que haga y respete lo que las Administraciones desprecian abiertamente con sus actos.
Pamplona está sucia como en la legislatura anterior: mucha máquina dando vueltas pero poca recogida de porquería real en el césped. Cualquiera que mire con atención lo sabe. Por favor, hagan las cosas más finas, más eficaces, con más ganas, con espíritu real y no por puro postureo de sacar máquinas barredoras (que contaminan bastante, por cierto) y cortar árboles sanos sin ton ni son.