Sobre el Hospital de Navarra
Publicado el 04/02/2020 a las 07:25
Hace seis años escribí, en esta misma sección, una concreta crítica al servicio de urgencias en la clínica Virgen del Camino, tras la experiencia vivida por un amigo, a quien tuve el honor de acompañar. Ahora, tras el percance vivido en mi propia persona, tengo toda la ocasión para levantar un alto elogio al Complejo Hospitalario de Navarra. En los primeros días de convalecencia, escribo, ya en casa, un “poema cotidiano” sobre mi pasada desazón, del que cito solo los versos que atañen a mi entrada en Urgencias y a mi salida del Hospital: “Llegaba al hospital / una masa de penados, urgidos y urgentes. / Una estación frenética y serena / de viandantes, camillas y carritos recorriendo / los blancos pasillos infinitos, / llevándose / todo el dolor del mundo, /cuando no la soledad, el miedo y la esperanza. / A veces esperaban en los boxes, / inquietas madrigueras de descanso. / Pero pronto salían a buscarnos / la sonrisa fluvial, / el saludo amigable /, tras el nombre propio pronunciado, / santo y seña de toda identidad, / y todas las palabras y gestos sanadores / de médicos, enfermeras, / auxiliares, celadores… / Rápidos todos, / ya lentos ya veloces, /multiplicados / aquí y allí, / arriba y abajo, / antes y después, / en un alarde / no competitivo / de método, / de ciencia y servicios especiales… / (…) Tras pasar por la quietante / sala de observación, / y dormir por fin sabiendo / distinguir entre el sueño y el espacio, / mi convicción se acrece: / El Complejo Hospitalario de Navarra / cuida a sus enfermos / como una madre. /
Un sol de enero, / a mi salida / me acogía en sus débiles brazos. / Algunos no saldrán. / Y otros seguirán, / urgidos y urgentes, / bajo estos nobles muros. / Pero puedo decir / al contrario que el Dante, / y que él me perdone en su alto Paraíso: `Prendete ogni speranza, voi ch´uscite´ (Los que salís, cultivad toda esperanza)”-.