Cuento triste de Navidad

Manuel Sierra. Coronel de Infantería (reserva).|

Publicado el 03/01/2020 a las 08:22

Cuentan de una antigua nación, llamada España, que aportó grandes hitos a la historia universal gracias a su nómina de gestas y hechos notables. Y que sus gentes, a base de arrojo, fuerza de espíritu y conocimientos, crearon un vasto imperio y lo administraron durante siglos bajo principios de autoridad, seguridad y humanismo cristiano. Pero la indolencia de sus gobernantes, las luchas intestinas y sus implacables enemigos externos socavaron el imperio y acabaron por llevarla al borde de su disolución. Sin embargo, tras la última y más sangrienta de sus guerras fratricidas, los deseos de paz, prosperidad y concordia alumbraron un nuevo tiempo de libertad y justicia. Y proclamaron una ley suprema, la Constitución, para “promover el bien de cuantos integran la nación española, en uso de su soberanía”.

Y así gozaron del mayor periodo de paz, bienestar y libertad que jamás habían conocido. Pero los enemigos de la nación, de la que formaban parte, mantuvieron sus planes de ruptura. Y emplearon para ello todos los medios a su alcance, desde la inyección del odio en las escuelas hasta el terrorismo más salvaje. Y se valieron del chantaje, y los gobernantes cedieron y antepusieron el interés de su partido al general de la nación. Y pese a contar con la ley, la razón y la fuerza, fueron incapaces de unirse para hacer frente a los enemigos de España, quienes intentaron de nuevo hacerla pedazos, aunque la intervención de un buen Rey, con la ley, lo impidió. Y cuentan que volverán a intentarlo con otros gobernantes y con otra ley. Y que entonces, si nadie se lo impide, lo conseguirán.

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