Reivindicando la figura de San Fermín

Francisco Javier Sagüés Sala|

Publicado el 19/12/2019 a las 08:19

Hace unos días leía en una entrevista realizada a Miguel Izu sobre su libro ‘Hemingway en los Sanfermines’ que decía que tenemos también un patrón, San Fermín, que nunca existió, añadiendo que muchas veces la historia se tergiversa y se falsifica intencionadamente. Este parecer no es nuevo en este autor, pues en otro artículo suyo ya hablaba de las verdades y mentiras de los Sanfermines, diciendo que a falta de sol y playa algo teníamos que inventar para traer gente a Pamplona, para que vengan los guiris. Para empezar, nos inventamos a San Fermín: no hay certeza histórica sobre su existencia; hasta el siglo XII aquí no lo conocía nadie pero nos agarramos al clavo ardiente de que en Amiens, donde le veneran como obispo y mártir, dicen que procedía de Pamplona. La Iglesia marca su fiesta el 25 de septiembre, fecha de su martirio en el siglo III, pero desde 1591 la celebramos el 7 de julio, por aprovechar el breve verano pamplonés y el hecho de que, desde la Edad Media por esas fechas, hay ferias y toros. Y en otro libro suyo recalcaba lo del mito de San Fermín al decir que se eligió a San Fermín, uno de los nuestros, y no a San Saturnino (un extraño, un francés), como imagen de la fiesta, como mascota, a la que se pasea por las calles la mañana del dia siete. El mismo trato que da a la figura de Hemingway, de quien dice se ha convertido en un personaje folclórico, como mascota de los Sanfermines. Tan convencido está de su versión negativa sobre nuestras fiestas que llega a afirmar literalmente “que no te quepa duda: todo es una farsa que se desvanece, cual calabaza de Cenicienta, con el Pobre de mí en la medianoche del 14 de julio”. Como puede verse, el autor viene a reconocer que lo suyo es desmontar mitos, uno de los cuales sería precisamente el mito de San Fermín. Prueba de ello es que, en otro artículo suyo, él mismo nos revela que intenta dar una visión desmitificadora, crítica y políticamente incorrecta, hasta llegar a la irreverencia, sobre las cosas sagradas de nuestra ciudad, nuestras fiestas y nuestras tradiciones. A decir verdad, todas estas afirmaciones, tan crudamente expuestas, me parecen muy lamentables y desprovistas de rigor. Porque, si bien es verdad que hoy en día no podemos ignorar que la biografía de San Fermín ha sido objeto de investigación por numerosos autores, algunos de los cuales, entre ellos Gaztambide y Jimeno, han dictaminado que carece de fundamentación histórica, no es menos cierto que la existencia de la figura humana de nuestro santo patrón navarro, que data de los inicios de la era cristiana, nunca ha sido tratada como un mito sino todo lo contrario, ni ha sido puesta en duda en la forma en que lo hace el señor Izu que, en mi opinión, no deja de ser una voz rara y discordante, que se muestra de forma atea e irreverente en este caso. Porque si no hay certeza histórica o no hay datos fiables sobre la existencia del santo, ello no significa que haya que dudar forzosamente de su existencia, pues evidentemente podría tratarse de una leyenda que contiene un núcleo histórico, como otras muchas, que trata de explicar un hecho o suceso histórico concreto, como es la vida de San Fermín. Pero en ningún caso sería un mito irreal, ni menos una falsificación histórica, como se pretende, donde se inventan los hechos intencionadamente. Eso no es más que un sofisma. No podemos olvidar que la historia, o la leyenda histórica de San Fermín, lejos de ser un bulo o un mito, tiene muchos siglos de existencia y nos revela afortunadamente unos hechos muy antiguos que han pasado de generación en generación hasta nuestros días, por medio de la transmisión oral o escrita. Y en base a ella, no en vano, tanto Amiens como Pamplona siguen rindiendo un culto milenario a nuestro santo patrón. Sin duda, siempre ha habido y habrá detractores de nuestras fiestas y de nuestro glorioso patrón navarro, que no pueden ser sino merecedores de censura, pues debemos reconocer que nuestros sanfermines en conjunto son materia sagrada, hay que tratarlos con respeto y veneración, por ser uno de los elementos esenciales no sólo de nuestra tradición, sino también de la identidad de Navarra, que forman parte sustancial del patrimonio cultural de nuestro pueblo. Por todo ello, a pesar del manifiesto interés del autor en publicitar su libro, lo siento pero no puedo dar el visto bueno a la obra y al pensamiento que acabo de comentar.

Francisco Javier Sagüés Sala

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