In memoriam

Hermanos Hernández Zaratiegui|

Publicado el 10/12/2019 a las 08:02

El pasado día de San Saturnino fallecía en Tafalla Encarna, la voz alta del dúo “Hermanas Flamarique”. Su hermana Vitory nos dejó cinco años antes. Creo que estas joteras que hicieron historia y recibieron en 2014 la Cruz de Carlos III de la Diputación Foral de Navarra en reconocimiento por ser “un exponente vivo de la jota navarra”, con la que transmitieron “energía y emoción”, merecen una despedida acorde a su amor a Navarra.Estas tafallesas nacieron en una de las familias de los Gregoricos, descendientes de Gregorio Zaratiegui y María Aguirre, que llegaron a Tafalla desde la Olleta de la Valdorva. Su familia era de las de la época: numerosa y humilde, con principios y fe cristiana (con cura y monja misioneros), humilde y trabajadora, alegre y orgullosa de su tierra y de los suyos. Pero también musical y, sobre todo, jotera: desde los labradores cantando contra las mulas y el motor del tractor hasta los cazadores llamando a la perdiz, pasando por el tratante cantando en su furgoneta. Parientes suyos eran los hoy reconocidos Zaras, sus primos carnales. Encarna y Vitory fueron unas precursoras, siendo el primer dúo de mujeres que subió a un escenario a cantar la jota navarra en 1950. En unos tiempos en que la farándula y la sociedad eran otra cosa, ellas dieron a la jota navarra una difusión nueva. En 1955 hicieron su primera grabación profesional, formando más tarde “Los tres de Tafalla” con el inolvidable Juanito Navarro. También fueron las primeras valientes en abrir en 1973 en Tafalla una escuela de jota, que hoy pervive y sigue demostrando que la jota vive y que hay un “muete” jotero en cada esquina. En esa escuela se convirtió en himno “La que en Navarra se canta”. Cantaron a Navarra, esa a la que su hermano Pedro Mari puso música y que dice que es un continente (letra de V.M. Arbeloa). Y a la tierra en que nacieron, a la que han vuelto en su final para sembrar más vida. Cantaron a madres que se van y a hermanos que sirven en el Tercio, además del de Regulares. Al águila real y a las cadenas del escudo de Navarra, con orgullo y rasmia. A la vendimiadora perfumada y al labrador que lloró viendo chiquita su tierra en el mapa. Y no faltaron en la Coral Tafallesa cantando la Salve y a la Navarra del zortzico del Maestro Menéndez, ni con los auroros tafalleses que todas las primaveras cantan a la Virgen de Ujué, a la Morenica y Galana, la patrona de la Ribera. Las Hermanas Flamarique fueron, siguiendo a Raimundo Lanas y con Juanito Navarro, embajadoras de Navarra. En esta despedida, que es un “hasta siempre”, sólo me cabe añadir lo que le cantó la Escuela de Jotas tafallesa a Encarna en su funeral: “Corazón y sentimiento, pusiste en todas tus jotas. Hoy la jota está de luto, la jota en Navarra llora. Sustituyo “Tafalla” por “Navarra” convencido de que es así. Ellas hicieron de la jota navarra la más brava jota.

Hermanos Hernández Zaratiegui

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