El espejismo ecológico

Fermín Torrens Alzu|

Publicado el 09/12/2019 a las 08:17

Mientras que la pequeña activista sueca cruza el océano a bordo de un catamarán y promete no comer carne en su vida los medios de comunicación envían a sus corresponsales en vehículos con carburante fósil y contaminante para que todo el mundo tenga fresca la imagen de cara de pocos amigos de la adalid del ecologismo , parece que estuviera enfadada con todo el mundo porque no escucha sus maravillosas consignas

¿Se han fijado que en los concursos televisivos, cuando a alguien le preguntan qué va a hacer con el premio uno de los destinos del mismo es realizar un viaje generalmente en avión y a lugares lejanos? En las ocasiones que he tenido que coger un avión he observado la cantidad de jóvenes que usan ese medio de transporte para visitar lugares interesantes por los bajos precios de las compañías low-cost. Teniendo como información la que dan las propias compañías, más de 11.000 aviones vuelan cada minuto en el mundo, el total de vuelos cada año llega a cifras astronómicas y el consumo de los carburantes más contaminantes llega a magnitudes mareantes. Por otra parte, solo en China se consumen anualmente cerca de dos mil millones de toneladas de carbón, le siguen como consumidores India y Estados Unidos, siendo también el carbón un combustible altamente contaminante.

Sin embargo, en Europa los movimientos ecologistas culpan a sus gobiernos de no tomar medidas para luchar contra la contaminación que acelera el cambio climático y cuestiona el futuro de la humanidad como la conocemos. Analicemos cómo se puede revertir las actuaciones para evitar el empeoramiento del problema y las consecuencias que puede traer para nuestros descendientes, porque todo el mundo habla de ello pero pocos han planteado el coste económico y social que puede traer la inversión de la tendencia a una mayor contaminación ambiental .

Una prueba de la falta de información la tenemos en el tema de los vehículos turismo, los fabricantes nos convencen de la idoneidad de los vehículos eléctricos pero no existe un debate serio que tenga en cuenta otras posibilidades como el hidrógeno o incluso una modificación del sistema de combustión para hacerlo menos contaminante; de esta forma un asunto que influye en la economía mundial y que puede tener consecuencias sobre industrias auxiliares a la automoción se despacha de un plumazo sin posibilidad de prueba en contrario. Tampoco se ha informado al consumidor sobre el aspecto fundamental como son las pilas, la dependencia de los materiales que las componen su duración, el reciclaje y el impacto ambiental que produce. Lo que sí parece evidente es que la lucha contra la contaminación y el cambio climático trae un cambio importante en los usos y costumbres, además de un coste económico que debemos estar dispuestos a soportar un incremento en los precios de los productos, los viajes, el transporte en general y la energía. También se debe señalar que a quien en este momento contamina más, como es China, se le debe gravar con aranceles “ verdes” pues no es lógico que si no cumple con las reglas de juego pueda competir con el resto de países. Así pues, aparte del postureo de la adolescente y de muchos partidos oportunistas debemos afrontar el reto como una auténtica revolución industrial y de costumbres, menos manifestaciones y más compromiso individual y colectivo ya que el coste según las grandes empresas supondrá varios billones de euros y deberíamos preguntarnos, ¿estamos dispuestos a pagarlo?

Fermín Torrens Alzu, Asesor de Empresas

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