El oso en Navarra

Ángel Moracho Jiménez|

Publicado el 08/12/2019 a las 08:39

Respetable y entendible es la posición de la UAGN frente al caso sobre el impacto actual del oso en Navarra. Sobre todo cuando en Navarra hace tiempo que las directrices acerca de las especies y aprovechamientos tienen un “ordeno y mando” que flaco favor ha hecho a los navarros afectados por esta especie todavía sin catalogar. ¿Es alóctona o autóctona? Todavía quedan cosas sencillas por saber para cuestionar o proyectar soluciones al tema del oso en Navarra. ¿Son los osos navarros? ¿Son los osos franceses? En primera línea, se debería trabajar en que las leyes de introducción europeas cambien por especies y sus limitaciones en zonas francas como la afectación a Navarra por extensión oso -hectárea. No es la solución dar mastines ni poner pastores eléctricos, las soluciones pasan por consensuar con los dueños del conocimiento de lo que hace el oso a diario en el monte, un programa de control. Los ganaderos, si son osos navarros, deberán quedar resarcidos ante daños y ataques; si son franceses, habrá que defender las costas para que sean ellos los que pagen. Paralelamente, las sociedades como la UAGN en posesión del conocimiento aplicado del impacto del oso deberían constituir y contribuir a una mesa que modifique - o defienda o instaure- los parámetros de control del oso. Es muy difícil controlar a un animal salvaje, es mejor aprender de él para saber cuáles son sus costumbres e intentar canalizar un status de concordia. ¿Quién mejor que los ganaderos para hacerlo? Los biólogos hablan de subvenciones europeas como excusa de actuación como se ha hecho con otras muchas especies, pero no tener el conocimiento primero de lo que los vecinos navarros necesitan y después de lo que nuestros aprovechamientos también hacen una política nefasta de cara la conservación. El Departamento de Medio Ambiente erra, una tras otra, en una posición autoritaria ante la falta de ese consenso con los afectados y, sobre todo, con aquellas asociaciones que sí que saben de qué están hablando. En un espacio pequeño de terreno el oso es dañino por impacto: si es francés mal pero si es navarro peor. Se deberían presentar borradores para la implantación del oso en el Pirineo de manera que se regule su existencia por hectárea o, dicho de otro modo, si no hay terreno suficiente no podrá haber. Debemos mirar también con inteligencia a otras comunidades que conviven con el oso aunque su área de extensión sea mucho mayor y con menor impacto sobre cabañas ganaderas. En definitiva, la administración debería conseguir modificar, si es preciso, las leyes que permiten la introducción de osos en el Pirineo o por lo menos calcular una población máxima por hectárea.De la misma manera, presentar un borrador donde singularmente se recojan los aprovechamientos, cabañas ganaderas y fuentes de impacto ante una población de osos para demostrar su grado de afectación y su viabilidad de existencia en Navarra.

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