La reintroducción del oso, vista desde una atalaya

Fermín Gorraitz Etxamendi|

Publicado el 30/11/2019 a las 08:45

El pasado día 20, el biólogo Jokin Larumbe Arricibita exponía en esta sección su punto de vista sobre una jornada en torno a la gestión del oso en Navarra, el plan para su reintroducción en el Pirineo y diversas cuestiones sobre el sector primario que, desde el punto de vista del sindicato EHNE consideramos totalmente desacertadas. Para empezar, el contenido del artículo, y especialmente su tono, no hacen sino echar más gasolina al fuego de un tema ya de por sí polémico y de gran afección sobre nuestros ganaderos, los verdaderos perjudicados por los ataques de los plantígrados y cuya opinión hasta ahora se ha tenido bastante poco en cuenta. Si las formas no han sido las correctas, tampoco el contenido ha sido el adecuado. La distinción realizada en su misiva entre ganaderos buenos y malos, una especie de estrategia de “divide y vencerás”, a EHNE le parece muy desacertada, de mal gusto e irresponsable utilizarla de manera pública.

Tampoco nos ha gustado la afirmación en tono venenoso de que el sector primario sobrevive gracias a los fondos europeos. No lo negamos, pero sepa que las ayudas y beneficios que reporta la PAC son los que posibilitan que la cesta de la compra de todos los consumidores, la de quienes viven en centros urbanos y también la de quienes defienden este plan de reintroducción del oso, no adquiera un coste desorbitado. Puestos a hablar de ayudas europeas, ¿cuántos proyectos de carácter conservacionista y capitaneados por sus colegas biólogos saldrían adelante si no se sufragasen con ayudas de la Unión Europea?

No vamos a permitir que se nos tache de antiecologistas, poco respetuosos con el medio ambiente o insolidarios por el hecho de que estemos en contra de este plan de reintroducción del oso. Lo hacemos sencillamente porque entendemos que es incompatible con la existencia de la ganadería extensiva, un medio de subsistencia milenario que aporta a la biodiversidad bastante más que la presencia de una especie salvaje tan agresiva con nuestros rebaños. En cuanto a las medidas - ayudantes, mastines, collares gps, cierres - para mitigar los ataques, ninguna de ellas resulta plenamente eficaz, pues a las muertes de ejemplares ovinos - este verano se han dado casos en el Pirineo Central de hasta 200 en un único ataque, no exageramos- hay que sumarle la dificultad que supone la presencia del oso en el manejo diario de sus rebaños (recogerlas y estabularlas si se encuentran cerca), el estrés que les genera a los animales (se traduce en abortos y menor producción lechera), amén de la preocupación continua de los ganaderos. Podemos entender que para un biólogo que trabaja bajo nómina del Gobierno de Navarra este plan de reintroducción suponga un “caramelo”: acercarse al Pirineo en todoterreno para, con unos potentes prismáticos, visualizar y controlar las rutas y costumbres de los osos, dónde hibernan, cuáles son sus parajes preferidos… Y luego regresar a una cómoda y calefactada oficina donde redactar los correspondientes informes, ajeno a las afecciones directas que pueda causar en quienes mantienen a diario ese entorno.

Sin embargo, no estaría mal que nos planteáramos algunas preguntas: ¿queremos que siga habiendo pastores y ovejas en el Pirineo? ¿Qué aporta más a la diversidad, la presencia de ganado o la del oso? ¿Cómo vamos a sostener la población rural y la existencia de nuestros pueblos si desaparece su forma de vida? Desde EHNE, ya hace bastante tiempo que venimos diciendo que el Pirineo no es Yellowstone.

Fermín Gorraitz Etxamendi, en representación de EHNE-Nafarroa.

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