40 años de la muerte de Mikel Arregi

Iñaki Iriarte López|

Publicado el 11/11/2019 a las 08:16

Hacia las 23:45 del sábado 10 de noviembre de 1979, dos guardias civiles resultaron gravemente heridos al ser ametrallados por la espalda en la localidad alavesa de Salvatierra. En el lugar del atentado se recogerían más tarde nada menos que sesenta y cuatro casquillos de bala. Las primeras pistas sobre el terreno apuntaron a que los autores del ataque habían huido en un vehículo en dirección a Navarra.

La Guardia Civil montó varios controles de carretera en la zona, uno de ellos en Etxarri-Aranatz, a unos 30 kms del lugar del atentado. De acuerdo a la nota que publicó posteriormente el Gobierno Civil de Navarra, sobre la una y media de la madrugada un Seat 127 no respetó las señales colocadas por los miembros de la Benemérita y estuvo a punto de atropellar a un guardia que les daba un alto. Sus compañeros dispararon dos ráfagas de metralleta a las ruedas y, después, al observar que el coche continuaba circulando, otros dos guardias abrieron fuego directamente sobre el mismo. Cuando el vehículo se detuvo y los agentes se acercaron, encontraron que tres de los cinco ocupantes habían resultado heridos. El más grave era D. Mikel Arregi, un joven de 31 años, concejal en su Lakuntza natal, y que presentaba un solo disparo de bala. Trasladado en ambulancia al Hospital de Navarra, no pudo hacerse nada por salvar su vida y falleció esa misma madrugada. El conductor del seat 127, D. Javier Andueza, declaró al diario El País que “al entrar en Echarri yo no vi ninguna placa de control ni señales con linterna ni nada. Íbamos hablando y no nos dimos cuenta de que había Guardia Civil hasta que dispararon las metralletas. Al oír los tiros yo solté el volante y nos fuimos a la cuneta. A los pocos instantes se acercaron unos quince guardias y nos dijeron: salgan del coche y cuerpo a tierra”.

Dos sentencias de la Audiencia Provincial de Pamplona, una de junio de 1980 y otra de septiembre de 1981, establecieron que los guardias civiles, en efecto, no iban provistos de ninguna prenda reflectante, como era preceptivo, por lo que el conductor no pudo apercibirse de su presencia. La primera sentencia condenó al Estado a pagar un millón y medio de pesetas (al cambio actual 9.000 euros, aunque una cantidad significativamente más elevada para la época). La segunda condenaba específicamente al autor del disparo que mató a Arregi a dos meses de arresto mayor por un delito de imprudencia simple, con infracción de reglamento y resultado de muerte, y al pago de dos millones de pesetas (12.000 euros) de indemnización. La muerte de Mikel Arregi fue condenada el 14 de julio por todas las fuerzas políticas en la Mesa y Junta de Portavoces del Parlamento de Navarra. Solo HB, organización de la que formaba parte la víctima, se abstuvo del texto acordado por los demás partidos, al considerar que no entraba en el fondo político del asunto, aunque ciertamente también condenó los hechos. Una estela fue colocada en la localidad donde la víctima cayó herida de muerte. Desconocidos sin vergüenza ni respeto por el dolor ajeno lo han atacado en varias ocasiones: la primera en 1981; la última este mismo año. Sin duda, la muerte de Arregi fue una muerte injusta y condenable. No soy juez y no puedo evaluar hasta qué punto la instrucción y el proceso fueron los adecuados. Tampoco he leído la sentencia íntegra, pero forzosamente debo reconocer que, si un hijo mío hubiese muerto en similares circunstancias, la condena me habría parecido dolorosamente insuficiente. En cualquier caso, con ocasión de los cuarenta años de aquella muerte, no puedo menos que expresar públicamente mis condolencias y mi solidaridad a sus familiares, vecinos, amigos y compañeros de militancia política.

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