Estación de tren y protección exterior de los viajeros

Javier M. Elizondo Osés|

Publicado el 29/10/2019 a las 08:10

Martes 22 de octubre de 2019, 14:40 horas. Llegada del tren Alvia procedente de Madrid. Un importante número de viajeros a la búsqueda de un taxi que los acerque a sus destinos finales. Parada de taxis situada en el exterior de la estación, marcada por un punto de “inicio de cola” a respetar. Cola, por tanto, alargada, para ir accediendo a los taxis en orden. Taxis que acceden a intervalos de tiempos cortos (el servicio lo considero bastante bueno), pero que - dada la cantidad de “pretendientes”- no permiten una reducción de tiempos de espera, que puede ser bastante larga en un contexto de inclemencias atmosféricas. Y hoy llueve con bastantes “ganas”. Y los clientes nos vemos sometidos a esperar bajo nuestros paraguas (algunos sin ellos) en una fila desprotegida. Sin la posibilidad de estar a resguardo, salvo que se quiera estar bajo el soportal de acceso a la estación y, por tanto, perder el sitio en la cola y el poder salir cuanto antes para tu destino final. La cola no se puede desplazar a esa zona del soportal (al menos sin alguien que la regule), pues impediría el normal acceso de entradas/salidas de otros. Personas que van en silla de ruedas (dos) sí que están a cubierto, en un hueco, con un familiar, mientras otro guarda su turno en la cola. Cuando llega es penoso ver cómo tienen que lidiar con los paraguas para protegerlos, a la vez que los levantan para poder introducirlos en el habitáculo del vehículo y recoger las sillas de ruedas para introducirlas en la trasera. Penoso, también, ver al profesional taxista, solícito y amable en esas tareas, soportar la lluvia mientras ayuda a gestionar el “embarque”. Llega mi taxi y, todavía pensando en estas cuestiones, entro en él después de mojarse el taxista para meter mis cosas en el maletero, y mojarme yo en lo que corresponde. Mientras el taxi arranca, y veo por la ventanilla cómo sigue lloviendo y la fila que todavía queda por evacuar, me pregunto si supone un alto coste disponer de una marquesina continua que permita una protección adecuada de los que tienen que esperar, al igual que cualquier cliente en una parada de autobús urbano. Lo comento con el taxista pues, como profesional, tiene mucho mayor conocimiento, y experiencia, respecto a verlo o no como un problema, máxime con el tiempo que suele hacer en una ciudad como Pamplona. Al margen de estar de acuerdo, hace un comentario, cuyo trasfondo entiendo perfectamente sin necesidad de preguntarle por su significado: “pintar las líneas de la zona, para establecer el cobro por aparcar, no les costó mucho tiempo…”. Personalmente, no sé a quién corresponde hacer algo al respecto (no quiero equivocarme en pensar si corresponde a Renfe o al Ayuntamiento), pero creo que sería una muy buena medida a adoptar, con la celeridad debida. La estación de tren es el punto de entrada de viajeros - locales y foráneos -; por tanto, el punto de imagen que se impregna en su retina al acceder a nuestra ciudad. Y la percepción primera cuenta mucho para sentir que una ciudad te da la bienvenida de modo adecuado.


Javier M. Elizondo Osés

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