La inteligencia trascendente. Una inteligencia ninguneada
Actualizado el 01/11/2019 a las 11:32
El pasado jueves 24 de octubre leí con interés la carta de los lectores titulada “Un excelente profesional, luego una buena persona” escrita por la Dra. Amaya Erro Garcés. Siempre es una buena noticia y es de agradecer que se atienda a la divulgación de esta teoría tan posibilitadora que se alinea y da pistas concretas para abordar una educación integral de las personas. Esta educación integral está presente, en forma de objetivo y estrategia, en muchos proyectos educativos de diversos centros escolares. Perseguir y culminar este objetivo es una intención loable que merece la pena abordar destinando para ello metodologías y recursos educativos. ¿Puede existir un fin más adecuado y ambicioso para un centro educativo que fomentar el desarrollo integral de las personas? No parece fácil encontrar una respuesta que iguale en importancia este cometido. Sin embargo, curiosamente, en esta educación integral recurrentemente se desaloja la dimensión espiritual de la persona. En muchos centros educativos ni se contempla ni se aborda. No es que sea ya paradójico, sino que resulta alarmante. Es decir, un centro educativo que dice realizar educación integral mediante las inteligencias múltiples decide arbitrariamente no prestar atención, no mencionar, no educar, no fomentar, no desarrollar una dimensión, la dimensión espiritual, que puede ser clave para entendernos en el mundo y que puede redundar, obviamente, en la ética de nuestros comportamientos y acciones. En estos casos se está realizando una “negación” de una realidad. Esta inteligencia existe y es llamada por Gardner, en su reformulación de las inteligencias de 2010, como “trascendente” o “existencial”. En estos últimos años ya me he acostumbrado a ver cómo en la mayoría de los textos y gráficos sobre las inteligencias múltiples de contexto educativo, se prescinde, se anula, se esconde la inteligencia espiritual. Es muy llamativo. La táctica parece ser esconder lo que no interesa a una ideología, generando una postverdad que va calando en la sociedad a través de la repetición de mensajes parciales e incompletos, cuando no directamente falsos. Las inteligencias reformuladas por Gardner en 2010 incluyeron la inteligencia naturalística y la trascendente. Me llama mucho la atención cómo una doctora que hace del rigor en la información la base de su trabajo puede mencionar la naturalística y obviar esta inteligencia trascendente, más cuando en su artículo se preocupa de mencionar todas las demás poniendo una “y” antes de la última que menciona, como si se agotara el tema. De ninguna manera el tema está agotado. Hay mucho sobre lo que hablar sobre este tipo de inteligencia y de su desarrollo en las personas a través de la educación, más cuando el artículo valora, y hay que agradecer esta intención, las “buenas personas”.