La moción de Pandora y el interino errante
Publicado el 24/09/2019 a las 09:01
No es un error, sino una doble imagen: la que me surge al contemplar la situación de la política española. A Sánchez la moción de censura se le ha convertido en una caja de Pandora, y él mismo, presidente en funciones, se ha convertido en un barco fantasma incapaz de atracar en ningún puerto, como “El holandés errante”. Veo difícil que su maquinaria propagandística, que pretende imponer un Alzheimer colectivo nacional, logre sus objetivos: no hay más responsable de su interinidad que él mismo.
El 1 de junio del año pasado, Sánchez, con los 84 escaños del PSOE, desbancó del gobierno a Mariano Rajoy, que presidía un PP con 134 diputados. ¿Cómo lo hizo? Con los votos cómplices de Unidos Podemos (67), ERC (9), PDeCAT (8), el PNV (¡el PNV!: 5), Compromìs (4), EH Bildu (2), y Nueva Canarias. Su moción -la caja de Pandora- encontró el apoyo de 180 votos: cuatro más de los necesarios. Los parlamentarios del PP (134), Ciudadanos (32), (UPN (2) y Foro Asturias (1) votaron en contra. La diputada de Coalición Canaria en la legislatura anterior se abstuvo. Y ahí comenzó la interinidad de Sánchez. Los otros tuvieron su responsabilidad, pero la suya es la más obvia.
Resulta alucinante que haya pedido a quienes expulsó del gobierno, con una moción de censura también alucinante, que le apoyaran para formar otro gobierno como el que preside interinamente. No puedo conocer las intenciones, y no hablo de ellas, pero me asombra su argumentación de “interino errante”. Porque ese es el resultado de su caja de Pandora o de su “moción de Pandora”, construida con la complicidad de aquellos a los que, ahora, no quiere como socios; una caja de la que están saliendo un conjunto de males: para al país, para los ciudadanos, para la economía nacional, y quizás, al fin, para su partido y para él mismo.
En el año 2011 publiqué, con Pedro Lozano Bartolozzi, Jordi Rodríguez Virgili, y Antonio Tolsá, un libro titulado ¿Qué pensamos en Navarra sobre los políticos? Se basaba en la información recogida a través de una encuesta con entrevistas cara a cara a un millar de ciudadanos navarros. El trabajo de campo lo realizó CIES, una empresa bien conocida, radicada en Navarra. Habíamos dedicado bastante tiempo y varias técnicas para elaborar el cuestionario. Recuerdo que, en cierta ocasión le pregunté a un taxista madrileño que me llevaba desde el aeropuerto de Barajas al centro de la ciudad, qué pensaba él de los políticos. El taxista era un hombre maduro, que se sentía orgulloso de haber podido dar carrera universitaria a sus hijas. Me contestó, tras una leve vacilación: “¿Sabe usted cómo llamo yo a alguien si quiero insultarlo?... ¡Político!” Me viene ahora este recuerdo con frecuencia, cuando pienso en la situación de la política española actual, quizás más tediosa que fascinante. Pedro Sánchez está siendo el aprendiz de brujo del relato de Goethe, incapaz de detener la escoba que ha embrujado para que hiciera su trabajo. Y los españoles, una parte de ellos quizás embrujados por él, se encuentran condenados a votar una vez y otra, tras aquella moción de Pandora irresponsable; es decir con un responsable.